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Edilberto Ballesteros, el alquimista del bar

Edilberto Ballesteros, el alquimista del bar

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Edilberto Ballesteros, el alquimista del bar

Perfiles

1 marzo, 2013

DONDYK+RIGA

Para Edilberto Ballesteros “la coctelería es un arte y el que la practica es un artista”, esta filosofía la ha aplicado para deleitar con sus tragos a los clientes de los principales bares, clubes y hoteles locales desde que llegó a Maracaibo hace más de tres décadas. A Edilberto lo cautivó la cultura culinaria y enológica mientras trabajaba en un restaurante de su natal San Cristóbal en su adolescencia, motivándolo a formarse en las diversas áreas de la hotelería hasta alcanzar el título de Gastrónomo Integral. Al cumplir la mayoría de edad se mudó a Caracas donde perfeccionó sus conocimientos y se adiestró en la atención de un público cosmopolita bajo la tutela de la Asociación Nacional de Barmans. El reconocimiento del gremio llegó al participar en certámenes de coctelería donde su talento no se dejó opacar por el miedo escénico. El “Tamanais Coctel”, una mezcla de tequila, ponche crema, kahlúa y granadina bautizada con un nombre inspirado en el de su esposa e hija, le valió al ganador de diez premios regionales un título nacional y la oportunidad de representar a Venezuela en el Mundial de coctelería celebrado en Praga, República Checa, donde hizo gala de su sello personal: incluir productos nacionales con la idea exaltar nuestra idiosincrasia en cada copa. En las largas faenas que se extendían hasta salir el sol aprendió que para ejercer esta profesión hay que tener cualidades de alquimista y, en especial, de psicólogo: “nosotros para el cliente somos el consejero, el que le da la razón, el que lo guía”. Siguiendo lo que es para él el orden natural de las cosas, tras alcanzar los mayores hitos de su carrera se dedicó compartir sus conocimientos con la generación de relevo, formando a cientos de futuros bartenders, maîtres, meseros y azafatas como instructor del INCE y del Ministerio de Turismo, y entrenando a su hijo para continuar su legado. Aunque Edilberto ya no es el joven que a los 16 años atendía una barra y eludía las redadas haciéndose pasar como DJ, su extensa cartera de clientes no lo deja pensar en retirarse. Sus días parecieran extenderse más allá de las veinticuatro horas para abarcar tanto los talleres que imparte como su trabajo en diversos locales y aún así piensa en emprender nuevos proyectos como un puesto de comida rápida. Para Edilberto esta abundancia de trabajo, y el reconocimiento que implica, no es más que el fruto de años dedicación: “el éxito es el resultado de lo bueno que vienes haciendo”. M.A