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Ángel Sánchez, exportando el éxito

Ángel Sánchez, exportando el éxito

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Ángel Sánchez, exportando el éxito

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El diseñador nacido en Valera, pueblo andino de Venezuela, decidió ir a la Gran Manzana para medir su talento ante reconocidas casas de moda y pasarelas internacionales, fuera de su tierra natal donde ya había consagrado su éxito.

26 mayo, 2018

FRANCO, Dora

Salir de la zona de confort puede tener muchos significados, pero Ángel Sánchez le dio sentido a esta frase como ningún otro. El diseñador de moda, de profesión arquitecto, decidió comenzar desde cero en Nueva York, una ciudad donde la competencia le representaba un reto para su carrera.

En Venezuela ya había labrado su terreno; tenía una marca reconocida y diseñaba los trajes de personalidades del ámbito artístico y figuras públicas nacionales e internacionales. Su talento era indudable y su éxito se expandía a través de las fronteras.

Ir a “la ciudad donde los sueños se hacen realidad” y volver a su país, le permitía construir un futuro al tiempo que seguía apegado al proceso de producción de su atelier y sus afectos: “Me exigía mucho más estar en Nueva York, pero no quería dejar esa comodidad, ni desligarme de los afectos de los amigos y la familia”.

Sin embargo, la decisión de no regresar pesaba más en la balanza, puesto que de ello dependía el logro de su meta: “Estabilizarme como diseñador internacional”. Entonces en el año 2001, Ángel tomó el vuelo sin retorno, sin contar que hechos, como el atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre, un día antes de uno de sus desfiles, esclarecería su apego por la nueva ciudad que lo adoptaba por completo. “Fue un momento de reflexión, de muchas tristezas. Sentí que ese ya era mi hogar y me conmovió mucho esa situación. Por otro lado, en mi país ocurría una situación de paro petrolero, muy dura; ahí decidí no seguir viviendo esa dualidad”.

Poco a poco la Gran Manzana lo fue conquistando, porque no soñaba con vivir allí, no era el destino que marcaba su mapa de la felicidad. Pero el amor por esta metrópolis de la moda le llegó a segunda vista, luego de superar el estrés de su dinámica.

A pesar de no considerarse a sí mismo emigrante, el proceso que vivió para saborear otros matices del éxito sirvió como un aprendizaje que le ha dejado un valuarte tanto personal como profesionalmente: “Uno aprende a ser más humilde por eso, porque tienes que construir nuevamente tu carrera, demostrar cuán bueno uno es”. Y así ha sido, no le quedó grande el reto.

A pesar de la distancia, confiesa que piensa siempre en Venezuela y aunque no salió huyendo de la situación que pesa sobre el país, siente que valorar lo que tiene al frente, hasta donde ha avanzado en su vida y el hogar que ya tiene, le hace echar raíces sin retorno. “A mí me entristece que los inmigrantes piensen mucho en regresar, les cuesta comprometerse con el nuevo país. La gran satisfacción que siento es que ya esta es mi vida”.

 

 

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