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Domingo Ortega, una vida al compás de los palos

Domingo Ortega, una vida al compás de los palos

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Domingo Ortega, una vida al compás de los palos

Perfiles

1 diciembre, 2013

DONDYK+RIGA

Es considerado uno de los mejores bailaores del flamenco contemporáneo así que es difícil creerle a Domingo Ortega cuando dice que llegó a los escenarios por mera obligación de su madre, que los encaminó a él y a su hermana Encarnación a zapatear al ritmo de los palos sin dejar abierta la posibilidad de que quisieran seguir otra profesión. A los dieciocho años, cuando la presión materna había disminuido y aceptó su autoproclamada fatalidad académica, decidió seguir en los escenarios al considerarse demasiado viejo para iniciar un nuevo camino profesional.

Domingo inició su carrera en escenarios de su natal Jerez de la Frontera, Andalucía, donde rápidamente su talento fue reconocido con el premio al baile de la Provincia de Cádiz. A los veintiún años se mudó a Madrid para abrirse paso como bailaor profesional, logrando no solo formalizar su carrera sino conformar su propia compañía, buscando más estabilidad y nuevas formas de expresarse. Precisamente por eso le agradece hoy a su madre haberlo encarrillado en el baile, porque según confiesa, con una buena sesión deja en las tablas el estrés y las penas de la vida diaria. “Tengo una necesidad de expresar lo que vivo día a día y con el baile consigo eso”, dice.

Su trabajo lo ha llevado de Senegal a Venezuela, de Estados Unidos al continente asiático y de su España natal a donde sus amigos lo necesiten. “Yo trabajo con empresas privadas. Las presentaciones que ofrezco son porque tengo amigos en todas partes que me invitan a presentarme en sus ciudades. El flamenco es un mundo muy difícil aunque no lo parezca”. Con esa misma convicción de que las cosas se logran haciéndolas, Domingo no baja el ritmo ni escatima en entrenamientos para mantenerse tan activo como le gusta. Por eso en su rutina no pueden faltar un par de pesas, un poco de ejercicio cardiovascular y la dosis de zapateo pertinente para fortalecer las piernas, aunque confiesa que de no tener presentaciones pendientes, suele descansar los fines de semana con canciones ajenas al flamenco.

Al baile le agradece todo lo que le ha pasado en la vida, por eso lamenta los prejuicios y estigmas que rodean la carrera de bailarín y que muchas veces son el principal motivo por el cual en las academias cada vez más escasean los hombres. Sino fuese bailaor le hubiese encantado seguir una carrera en la mecánica o por qué no, ser futbolista. “-¿De qué equipo? —Hombre pues del Barça, por supuesto—”, porque en los deportes era bueno cuando estaba en el colegio pero su destino estaba marcado por un arte que el mundo hoy le agradece. M. G. V.

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