GRUPO TENDENCIA

Rodrígo Cabezas, un intelectual prestado a la política

Rodrígo Cabezas, un intelectual prestado a la política

https://www.tendencia.com/2012/rodrigo-cabezas/

Rodrígo Cabezas, un intelectual prestado a la política

Perfiles

1 julio, 2012

DONDYK+RIGA

Rodrigo Cabezas es pacifista y quienes lo rodean lo saben. La lucha que le gusta es la que se debate en el campo de la ideas, de lo que él llama “la argumentación seria y rigurosa”. Es enemigo de la confrontación que descalifica, “venga de donde venga”. Si lo llevan a debatir, prefiere que sea en el plano político-ideológico. A los quince años leyó su primer libro: Empínate joven de Luis Beltrán Prieto Figueroa y ello le mostró que había un mundo por acompañar con una bandera de la justicia social. Aunque siempre quiere alejarse de la retórica, asegura que le es fiel al ideal de sociedad justa: “Yo le he sido leal a esa condición de militante del socialismo democrático y le pongo el apellido porque pienso que el camino debe ser el democrático”. Destaca que en Venezuela se está haciendo un ensayo en esa materia: “esa es su justificación ante el mundo”. Apacible y absolutamente contrario a la violencia. No justifica la pérdida de vidas humanas por una lucha política, ni ideológica. Solidario, es la palabra con la que se describe a sí mismo. El zuliano Luis Homez es su mentor en la política, sin embargo, la ciencia económica es su pasión y sus clases en la Universidad del Zulia no las ha abandonado ni cuando en 2007, el 4 de enero, el presidente Hugo Chávez lo nombró ministro de Finanzas, de cuya trayectoria se le reconoce como el padre de la reconversión monetaria en Venezuela. En su escala de valores, además de leal, bondadoso y estudioso, está su familia: “cuando he tenido turbulencias el refugio de paz es mi familia. La consigo allí totalmente”. Para el economista, ex-ministro, actual presidente del Parlatino y profesor universitario, lo impostergable es ser un buen papá hasta el final de su último aliento. No memoriza teléfonos, ni direcciones de casas, ni correos electrónicos. Confiesa que para eso no tiene talento. Tampoco es capaz de leer un libro online: “no creo que la especie humana vaya a superar algún día la magia de tener en sus manos un libro”. A sus cincuenta y cinco años, le angustia no haber terminado su primer libro, que reúne todo lo que ha sido su pensamiento económico. Quisiera que el Parlatino “sirviera para más” y que Venezuela, después del 7 de octubre de 2012, se aferre a un proyecto de industrialización para las exportaciones. Está claro en que no hay manera de independizar al país, que no sea produciendo otra cosa distinta al petróleo a escalas mayores. Esto, en lo económico. Pero en lo político, tiene otra visión. Quiere un país en paz. Un país que demuestre que es civilizado y que las controversias normales, que existen, las pueda resolver el pueblo democráticamente. S.U.