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Diego Arrias, dueño de una tradición

Diego Arrias, dueño de una tradición

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Diego Arrias, dueño de una tradición

Perfiles

1 marzo, 2009

DONDYK+RIGA

Sólo en el corazón de Santa Lucía podía encontrarse un lugar como La Esquina de la Tradición, conocido comercialmente como La Sorpresa y rebautizado por los lugareños como “A que Diego”. Rodeados de fotos de gaiteros, botellas vacías, discos y radios antiguos, la cerveza se pide como “guayacolita bien fría”, la cuenta se va anotando con tiza en un rincón de la barra y cada visitante tiene el deber de estampar su firma en algún rincón de sus paredes, para dejar prueba de que ha conocido al carismático dueño de La Esquina de la Tradición, Diego Arrias: “Es un lujo decir que se es de Santa Lucía. Crecí entre gaitas, patines y bicicletas. Siempre me gustó la música y es que metido entre gaiteros algo seguro se me iba a pegar, hasta llegué a cantar con Los Diamantes de Santa Lucía, pero luego decidí abrir el negocio. Era un época difícil porque no había empleo y lo tomé como algo temporal, luego se convirtió en un oficio por el que me han dado reconocimientos”. Desde 1971 es el gran tesoro del barrio El Empedrao y el punto de encuentro de gaiteros como Astolfo Romero, Ricardo Cepeda, Neguito Borjas y Gladys Vera, glorias de la música zuliana que han retribuido su amabilidad con fotografías y regalos que se exhiben en el salón preferido de Diego: “Tengo un salón VIP donde se han formado inolvidables parrandas con grandes de la gaita. He tenido muchas satisfacciones con mi negocio, pero la principal es que aquí me conoce todo el mundo, soy millonario de amigos más no de dinero. Comencé con un cartón en la pared donde invitaba a la gente a dejar su nombre, eso se llenó y empezaron a firmar en la pared. Ahora tengo firmas hasta en el techo”. Todas las noches Diego recibe de brazos abiertos a quienes como él comparten la afición por la gaita, por ello mantiene siempre instrumentos para que el que lo desee, no importa si lo haga mal o bien, toque o cante algunos versos durante su estancia: “Así fue como nacieron las ‘caimaneras’ de los jueves. A La Esquina de la Tradición viene gente de todas partes, una vez llegaron dos cubanos y me comentaron que en La Habana había un negocio donde la gente también estampaba su firma, estaban asombrados de que a miles de kilómetros tuvieran las mismas características y de la coincidencia de que aquí queda en El Empedrao y el de Cuba quedaba en la Calle de Empedrao. Al despedirse dejaron constancia de eso en una de mis paredes al escribir: ‘Cosa tan grande, seguir un negocio tan bonito desde tan lejos”. A.B.