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La pequeña gran Salma

La pequeña gran Salma

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La pequeña gran Salma

Revista

Mexicana con sangre libanesa y española. Su primer gran éxito en la pantalla lo logró en su tierra natal y no se conformó. Los Estados Unidos se convirtieron en su casa y en su gran escenario. Su rostro, su sensualidad y su carácter se han convertido en su firma como una de las mujeres latinas más sobresalientes de la última generación de Hollywood.

26 mayo, 2018

Ilustración: Rafael Áñez

De pequeña era muy preguntona y sonriente. Su deseo de convertirse en actriz se encendió luego de haber visto Willy Wonka & the Chocolate Factory en un cine de la localidad mexicana de Coatzacoalcos. Apenas tenía siete años y en su mente ya sabía que para perseguir su sueño debía dejar la tierra en la que nació.

Su nombre en árabe significa ‘paz’. Por el lado de su padre corre la sangre libanesa, su madre es mexicana con descendencia española.
Empezó a estudiar Relaciones Internaciones en la Universidad Iberoamericana para complacer a sus padres, pero dejó las aulas y se concentró en la actuación. Su debut en el teatro, con la obra Aladino y la lámpara maravillosa, le valió una primera oportunidad en la televisión: Un nuevo amanecer. Después de este trabajo en la pantalla chica protagonizó Teresa, único protagónico en la televisión mexicana, ya que en 1991 decidió dejar México y buscar suerte en los Estados Unidos. Su primer paso fue estudiar actuación en Los Ángeles mientras conseguía papeles pequeños en programas y películas de televisión por cable.

La oportunidad llegó en Desperado, con Antonio Banderas. Luego en From Dusk Till Dawn, cinta en la que compartió con George Clooney, Quentin Tarantino y Juliette Lewis, Salma tuvo una escena en la que realizó un erótico baile con una pitón enrollada a su cuerpo. Ese minuto se convirtió en la imagen que por años el público tendría amarrado a su mente cuando pensará en ella.

A partir de allí, como dice la común frase, “la fortuna empezó a sonreírle”, aunque en el caso de Salma, esa sonrisa nunca se apartó de ella. Los papeles en películas no pararon de lloverle. Por una larga temporada llegó a tener hasta cuatro participaciones en películas por año. Durante ese tiempo, se preparaba para producir y estelarizar el papel que siempre quiso hacer, el de Frida Kahlo, la artista mexicana que fue una marcada influencia en su carrera.

En 2002, Salma se convirtió en Frida. La película recibió seis nominaciones al Oscar incluyendo Mejor Actriz, siendo Salma la primera latina en recibir la postulación en esa categoría pero que terminaría perdiendo ante Nicole Kidman por The Hours.

Su rostro ha sido la imagen de importantes marcas de maquillaje y su presencia un verdadero impacto para numerosas estrellas latinas que han hecho su espacio en Hollywood. Su labor también ha sido prominente en la defensa de los derechos de la mujer y en la lucha contra la violencia femenina.

“El principio de mi carrera al inicio fue duro. La gente decía cosas como: ‘¿Quién es esta enana saltarina mexicana?’, confesó en alguna entrevista. Esa pequeña mujer de un metro 57, terminó siendo una de las figuras de habla hispana más sobresalientes en la tierra de lo posible, la tierra que se enamoró de la mirada y el cuerpo de una mexicana que siempre supo que su lugar estaba del otro lado de la frontera.