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Las tres líneas desequilibradas de la industria textil

Las tres líneas desequilibradas de la industria textil

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Las tres líneas desequilibradas de la industria textil

Revista

Representa una de las mayores fuentes de ingresos a nivel mundial, aumentando un 10 % su crecimiento económico durante 2017, gracias a la inversión en maquinaria e innovación. Sin embargo, es una de las más señaladas debido a sus procesos de fabricación y políticas de manufactura.

1 octubre, 2017

Ilustración: BEGUERÍA, Sofía.

Materiales que se importan desde distintas partes del mundo como China, Chad y Uzbekistán, son usados por manos trabajadoras en Vietnam, Malí y Turquía para realizar telas. Luego, exportados a Italia, Francia, Estados Unidos y Latinoamérica. Toda una maraña de materiales primos que van y vienen para terminar en nuestros armarios. ¿La razón? Mantenencia de bajos costos o, en otros casos, significa menos gastos en mano de obra.

Desde que vestirnos se convirtió en una industria con muchas posibilidades de explotación creativa y económica, se han buscado infinidad de métodos para agilizar la elaboración de las prendas y su distribución. Entre ellas, disminuir la inversión en la confección obteniendo el margen de ganancias propuesto.

Pero, ¿cómo es esta línea de producción? La explotación se evidencia, la mayor parte del tiempo, desde el inicio: la materia prima. Los países productores de insumos como el algodón y cáñamo, se encargan de cosechar, embalar y enviar hasta su próximo destino. Las personas suelen trabajar bajo presión y sin seguro médico, sobre todo en países como la India, donde gran parte de la población rural no tiene acceso a cuidados sanitarios gratuitos, según una investigación realizada por la organización ActionAid, en la que exponen la explotación a menores y la exposición de los trabajadores a los pesticidas.

Parte dos. La exportación del insumo. En Europa y Estados Unidos, la materia prima llega a cadenas limpias, ventiladas y automatizadas; En Marruecos y Europa del Este, el trabajo se realiza a mano: “Se pueden encontrar cadenas de montaje llenas de polvo y, seguramente, con trabajadores mal pagados, que deben contentarse con el salario mínimo legal”, expone el libro Guía ética de las marcas, con una investigación realizada por el Centro Nuevo Modelo de Desarrollo.

La tercera parte involucrada en la creación de las prendas no se efectúa en los mismos países donde se realizan las otras dos fases. Sin embargo, siguen teniendo en común los índices de pobreza y el aprovechamiento de las necesidades de los trabajadores. Según un cuadro realizado por Francesco Gesualdi —e investigadores— en el mismo libro, Puma, Adidas, Nike y Fila se ubican en un rango medio de precio, siendo su segmentación tomada en cuenta debido a los métodos y esfuerzo dedicados. Se habla de una producción basada en diseños y cortes realizados en Europa. Pero, la fase de la costura sigue dirigiéndose a países como Bangladesh y Kenia, donde subcontratistas se encargan de ella y el trabajo no es remunerado adecuadamente, con pagos por debajo de un sueldo mínimo.

Estas condiciones, que existen desde hace mucho tiempo, han impulsado a desarrollar políticas de trabajo en las que los derechos humanos sean tomados en cuenta. La tarea es alzar la voz y provocar que los fabricantes ejecuten acciones para cambiar de raíz el inhumano método convencional, que ya deja al descubierto a las grandes marcas, una verdad incómoda y a la vista.