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24 Febrero, 2017
*DONDYK+RIGA*

DONDYK+RIGA

Vocación de servicio público mas no político, demócrata cristiano mas no exclusivo de un sólo partido, inteligente y humilde de trato. Así era el primer alcalde que Maracaibo escogió en 1989 por voto directo, universal y secreto para que velara por su bienestar durante gran parte de la década de los noventa. La confianza fue depositada en Fernando Chumaceiro, nacido en esta ciudad en 1931, egresado de LUZ con el título en Derecho en medio de una tensa época: “Los estudiantes de mi tiempo eran contestatarios al perezjimenismo. Tanto así que en mi primer año, a mi izquierda se sentaba Douglas Bravo y a mi derecha Alfredo Maneiro, que luego se convirtieron en políticos y ex-guerrilleros. A mi no me interesaba la política pero sí sentía que, por haber estudiado gratis en una universidad durante cinco años, sin que mis padres tuvieran que pagarme nada más allá de los libros que necesitaba, me creaba una deuda que deseaba abonar y eso me llevó al servicio público”. Su primer cargo fue de diputado al Congreso Nacional, tras ser animado por sus profesores a presentarse a elecciones bajo la tolda de Copei. “Estuve apenas un año porque mi esposa dio a luz dos veces y el sueldo no me alcanzaba para mantener a mi familia desde Caracas. Antes de regresarme pensé que no podía irme sin dejar algo tangible y promoví la creación de Corpozulia”. Después de presidirla y además trabajar como concejal por seis años, el servicio público le propuso un nuevo reto: la Alcaldía de Maracaibo. “Traté de ser un alcalde para todos, no para un partido ni unas clases determinadas. Traté de dirigir una orquesta, primera vez que lo hacía y sin saber mucho de música, pero las cosas empezaron a lucir mucho más eficientes frente a la ciudadanía. Mi equipo y yo nos lanzamos a la calle a hacer lo que se había dejado de hacer durante mucho tiempo”. La ciudad vio cambios en los noventa y uno de ellos fueron los “chuma buses”, la primera red de transporte con la que contó Maracaibo. “Eran autobuses Mercedez-Benz, cero kilómetros. Algunos concejales nos advirtieron que no debíamos aumentar las tarifas porque eso traería como consecuencia castigo en votos en las próximas elecciones, pero si no las aumentábamos los dueños de los autobuses no podían mejorar sus vehículos. A mi no me importaba no seguir siendo alcalde, mientras fuera por el bienestar común. El pasaje aumentó y la gente que, al principio se resistía, se dio cuenta en un tiempo muy corto que ahora tenían más rutas, que podían trasladarse cómodamente y que ya no tenían que tomar los carritos por puesto”. Una década más tarde, su gestión dejó huellas y sobre todo una valiosa lección para futuros alcaldes de la ciudad: “El gobierno está para servir y no para ser servido”. A.B.