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Frank Mainade, una historia de heroísmo

Frank Mainade, una historia de heroísmo

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Frank Mainade, una historia de heroísmo

Perfiles

1 febrero, 2016
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FERNÁNDEZ, Adriana

A los siete años, en la víspera de Navidad, Frank Mainade descubrió qué quería hacer con su vida. Esa nochebuena estuvo en riesgo tras un incendio en el edificio donde vivía. Al ver cómo los bomberos salvaron su vida y la de su mascota se enamoró del oficio.

“Los bomberos llegaron a ayudarnos. Me devolví porque se me soltó mi perrito pero un bombero logró tomarlo y sacarnos a ambos. Nos fuimos a la Cruz Roja porque mi papá necesitaba ser atendido y al día siguiente fuimos a la estación a buscar a mi perro; me montaron al camión, me pusieron el casco y ahí dije: cuando sea grande seré bombero”, cuenta el profesional nacido el 11 de marzo de 1958 en Nueva York, hijo de padres cubanos.

Al terminar la secundaria aplicó para el Cuerpo de Bomberos de Miami y, aunque en ese momento no pudo, logró entrar tres años después. Hoy cuenta con 33 años de experiencia y servicio. Fue fundador del equipo de rescate técnico de la ciudad. En sus palabras sobresale su vocación por ayudar a los demás. Para él lo más importante es mantener la humildad y la capacidad de trabajar bajo presión.

Así recuerda, entre tantas ocasiones que le han marcado, cuando asistió a su ciudad natal tras los ataques terroristas de 2001 en el World Trade Center. Durante tres semanas estuvo removiendo escombros y recuperando cadáveres. También lideró labores de rescate durante el huracán “Katrina” en Miami.

En su trayectoria escaló posiciones hasta ser director de equipo de rescate y líder de su grupo de trabajo. También fue paramédico del equipo SWAT en Miami por 24 años. Hoy está retirado y satisfecho por lo alcanzado pero recuerda que no ha sido fácil. “Con los años vemos cosas que normalmente no ven otras personas. El estrés afecta, yo como instructor hablo sobre mi experiencia de lidiar con ello. A veces solo dormía tres horas al día. Pero hablando de lo que sucede uno puede aliviar esos efectos”.

Ha vivido en carne propia lo frágil que puede ser la vida y cómo un segundo puede ser valioso a la hora de preservarla. “Es gratificante hacer la diferencia entre la vida y la muerte de alguien (…) Una vez casi fallecí trabajando. Me quedé sin aire dentro de un edificio durante un rescate. Lo siguiente que recuerdo es que me llevaban al hospital. Ahí me di cuenta de cuán rápido pueden cambiar las cosas, que de un momento a otro puedes perder la vida”.

Ahora dispone de mayor tiempo para estar junto a sus cinco hijos. Le gusta pescar, leer la biblia y sueña con vivir en una finca llena de caballos y vacas aunque admite que quizás no pueda separarse tanto de la ciudad. Y es que a pesar de estar retirado su labor humanista no cesa. En sus proyectos está conformar un grupo de orientación para los nuevos bomberos y un equipo de voluntarios en las zonas más pobres de su comunidad para guiar a los niños a encontrar su vocación y hacer una diferencia en sus vidas.

Frank Mainade tiene un deseo: “Quiero ser recordado como alguien que siempre vio el vaso medio lleno y no medio vacío”. Este precepto y su pasión por ayudar al prójimo lo convierten en uno de esos héroes anónimos que marcan la diferencia en el mundo. M. A. C.