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Gledys Ibarra; lejos de su país, cerca de su patria

Gledys Ibarra; lejos de su país, cerca de su patria

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Gledys Ibarra; lejos de su país, cerca de su patria

Perfiles

1 julio, 2013

NF PHOTOGRAPHY

Todos la vimos mostrar su cédula como su símbolo patrio en televisión nacional: Gledys Ibarra llegó con la frente en alto y su decepción escondida para agarrar las verdades que estaban en el aire y condensarlas en un discurso que le arrancó al público –y al país– varias ovaciones de las manos.

Ese carácter fuerte, capaz de cerrarle las puertas al miedo, fue forjado a punta de aplausos familiares cuando convirtió su casa en su primer escenario y a sus tíos en su primera audiencia. Después de haber recibido de ellos “los primeros aplausos de mi vida”, Mito Tamanaco se convirtió en su primera obra de teatro, su primer protagónico y su primer paso hacia el futuro que apenas empezaba a imaginar. Tenía entonces trece años.

En 1986 se metió en la piel de Tomasa en la aclamada Cristal, y uno tras otro, los éxitos fueron cayendo sobre su nombre, que poco a poco se fue haciendo familiar dentro de la industria: La Intrusa, Abigail, Por estas calles, Cosita Rica y Ciudad Bendita. En todos se ha expuesto emocionalmente, haciéndole trampa a la actuación, perfeccionando el delicado arte de despertar inquietudes y preguntas en todo aquel que se tropieza de frente con alguno de sus personajes.

Ahora, desde el exilio involuntario al que la llevó la falta de proyectos en Venezuela, ha vuelto a probar que la crisis es la madre de la creatividad, escribiendo su tercera obra de teatro para niños, que es a lo que dedica a mayor parte de su tiempo libre. Para relajar las ideas, recurre a la música, al cine “y si no, simplemente a ver tele”.

A sus cincuenta y tres años ha cambiado muchas veces, ha vivido épocas de oro y ahora es testigo desde la barrera de los pasos que da el país, por eso se declara admiradora de los que pueden y quieren quedarse a ser parte del cambio. “Definitivamente cada día se hace más difícil la vida. Ser venezolano es un deporte extremo”, confiesa con pesadumbre esta madre de dos hijas. Quizá seguiría en el país si trabajara en bienes raíces, como le hubiese gustado si su talento para la interpretación no se hubiese atravesado en el camino tantas veces.

Gledys Ibarra es el mejor personaje de Gledys Ibarra; su rostro es un emblema de la lucha de la mujer por sobresalir y en cada papel que interpreta lo deja claro, casi como el manifiesto personal de una Gledys que aprende a caer y a levantarse, a decirle “no” a las lágrimas y a ponerse al mando de su vida como lo hace ahora, a pesar de que el presente se le haya convertido en un reto descomunal. M.G.V.

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