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Glauco Ávila, el arte como inversión

Glauco Ávila, el arte como inversión

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Glauco Ávila, el arte como inversión

Perfiles

1 mayo, 2009

DONDYK+RIGA

“El mundo da muchas vueltas y no sabes si el día de mañana estarás mejor o peor. Si un hobby te divierte y alegra tu vida, no descuides la idea de que en algún momento ese mismo talento pueda ayudarte a salir de una situación difícil”. Glauco Ávila practicó su propio consejo años atrás cuando su familia debió desprenderse del negocio que mantuvo por cuatro décadas, la Lotería del Táchira. En tiempos difíciles, este nativo de Maturín tuvo la visión de aprovechar su amor de toda la vida: el arte: “A mi mamá siempre le gustó pintar y tenía una biblioteca con muchos libros sobre los museos del mundo. A los seis años para mí era maravilloso leerlos. De adulto, la primera vez que fui a París me dediqué casi milimétricamente a revisar la ciudad y sus museos; en muchos de ellos descubría en persona las obras que había visto de niño en aquellos libros y fue la gloria. Cuando rescindieron el contrato de la Lotería tenía cuarenta y cinco años, un título en Medicina que había dejado de ejercer, pero una afición que me había motivado a reunir obras, consciente del valor que tendrían a los años”. Aunque nunca pasó por la Escuela de Arte, Glauco siempre tuvo presente la primera regla al momento de considerar a una pintura, escultura o antigüedad como una inversión: lo que hoy cuesta una tontería, años después puede costar millones: “Cuando vinieron los años difíciles, una persona amiga quería acomodar su casa y me dijo que quería uno de mis muebles y que además le ayudara a decorar y conseguir otras piezas para su casa. En ese momento recurrí a un experto, dueño de una tienda de antigüedades, y al conseguir las cosas, sin pedirlo, me dio una comisión por la venta. Desde allí empezó un cúmulo de clientes a raíz de asesorar en compra y venta de arte”. Aunque comenzó con obras de arte contemporáneo, un viaje a Europa lo inspiraría a adquirir piezas religiosas: “Empiezas con un santico, luego un modelo colonial y te vas llenando de todo. A estas alturas del juego puedo decir que en un ochenta y cinco por ciento acerté en el valor de la compra, y el resto han sido errores con casos donde pensé que no tenían futuro y me equivocaba terriblemente. Cuando comencé mucha gente pensaba que nunca iba a poder deshacerme de algo mío, porque ponía mucho amor en conseguirlo, pero a medida que me desarrollé en este negocio noté que me podía deshacer de mis piezas, que podía venderlas y que sentía una inmensa satisfacción al complacer los gustos de terceros. La vida no es sólo atesorar, sino compartir y saber desprenderse”. A.B.