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Guillermo Vargas, el paladar de Bodegas Pomar

Guillermo Vargas, el paladar de Bodegas Pomar

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Guillermo Vargas, el paladar de Bodegas Pomar

Perfiles

1 marzo, 2008

DONDYK+RIGA

Hace sólo un par de décadas hablar de vinos venezolanos era como arar el mar, pero gracias a hombres como Guillermo Vargas, y a la visionaria gestión de una gigante como Empresas Polar, hoy podemos decir con orgullo que en este país se producen vinos y espumantes capaces de complacer a los más sofisticados paladares. La historia de Bodegas Pomar no puede ser contada sin mencionar a este ingeniero agrónomo egresado de la UCLA, pues de alguna forma su biografía está enmarcada en la edificación de la empresa que surgió cuando Empresas Polar se fundió con una compañía francesa llamada Martel, convencidos de que una realidad vitivinícola en Venezuela era posible. Este bogotano nacionalizado barquisimetano, con un posgrado en Viticultura y Enología, era el candidato ideal para emprender la titánica tarea de estudiar los suelos, elegir las zonas adecuadas para el cultivo y experimentar con las diferentes cepas e injertos en la vid criolla.

Años de investigación hicieron posible que hoy degustemos un jovial tempranillo, un soberbio syrah y un amigable petit verdot hecho en casa, en las nobles tierras de la Finca Altagracia: “Tengo más de treinta años en esto, pero afortunadamente la larga espera dio buenos resultados. Nada hubiera sido posible sin el apoyo del equipo financiero y humano que creyó en esto. Es satisfactorio recoger los frutos del esfuerzo de toda una vida”. De eso no cabe duda: la vida de Guillermo se ha desarrollado siguiendo los caprichos de los viñedos. Sus ramas voluntariosas lo condujeron a España, donde se hizo de una especialización en Viticultura y Enología de la Politécnica de Madrid, y luego a la meca del vino, Francia, donde se formó en la École Agronomique de Montpellier y en la Facultad de Enología de Bordeaux: “En Europa el vino forma parte del día a día. Allí me formé en el dominio de la técnica. Aprendí que el vino se expresa a través del viñedo, pero debe haber mucha intervención. Debes comunicarte con la viña, sentir la vibración de las plantas; ellas me dicen qué les falta, qué les pasa. Más allá de la técnica, para hacer vino hay que tener sensibilidad, pues esto es pasional. Uno descubre en el bouquet todas las sensaciones que un vino es capaz de transmitir. Como decía una gran profesor, la mejor forma de comunicarse con el suelo es tomando vino”. – C.W.