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Maripily Rivera, resiliencia femenina

Maripily Rivera, resiliencia femenina

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Maripily Rivera, resiliencia femenina

Revista

25 febrero, 2018

SEPULVEDA, Willie

“Tengo muchas anécdotas que me han marcado como mujer, como madre y como ser humano. Pero, sin duda, algo que me ha llegado profunda y verdaderamente ha sido la muerte de mi madre. En ese entonces tenía 24 años, estaba embarazada de mi hijo, llevaba seis meses, 26 semanas de embarazo. Para ese momento, incluso pasé hambre, porque no me iban a dar trabajo en estado, mucho menos debido a mi carrera como modelo. Varias veces tuve que alimentarme de agua y pan, porque el poco dinero que ganaba lo usaba para pagar la renta y que nada se me atrasara. Estaba sola, sin marido y mi orgullo no permitía que mi familia se enterara de lo que me pasaba. Un 08 de agosto, me encontraba en el hospital —ya que me sentía mal con el embarazo— cuando recibí la noticia sobre mi madre: un carro la atropelló cuando ella cruzaba una calle, murió. Sentí como si me hubieran arrancado el corazón, mi padre lloraba y yo solo podía pensar ‘¿por qué me dejó sola?’. Significó un dolor tan grande, que la tristeza no la podía aguantar y tuve a mi hijo antes de tiempo, fue un niño prematuro que pesó 1 libra con 4 oz, el cual nació el 14 de noviembre, tres meses luego del accidente que se llevara a mi mamá. Estaba estimada para dar a luz en febrero, pero se dio de esa manera debido a la tristeza tan inmensa que sentía. Marcó mi vida de muchas formas. Para mí, él es todo en mi vida, fue quien me levantó, quien me enseñó la alegría. Claro, el dolor que deja la muerte de una madre nadie lo puede llenar, pero, la llegada de mi hijo me dio mucho entusiasmo y un nuevo sentido a todo lo que me rodeaba. Obtuve la motivación necesaria para transitar todas las etapas que más tarde experimenté con él como mamá guerrera, porque soy madre soltera y estoy muy orgullosa de ello. Siento que he aprendido mucho de mi hijo, esa difícil situación es algo que no olvido, pero al mismo tiempo lo he superado y he aprendido muchas cosas que no imaginaba ni esperaba. He madurado como mujer, me he fortalecido. Le doy gracias a papá Dios por haber traído a mi hijo antes de tiempo, a pesar de haber sido mediante una situación bastante difícil, pues sufrí una preeclampsia severa. Pero, doy gracias, porque cuando miro atrás en retrospectiva, caigo en cuenta de lo grandioso que significó todo el esfuerzo y la dedicación, mi nene está grande y yo soy una mujer cada día más resistente. He podido hablar con personas que han pasado por esta misma situación y les he dado fortaleza, porque en ese preciso y doloroso instante una no es capaz de entender las situaciones de la vida. Hoy, cuando identifico que pese a las adversidades todo pasa, lo veo muy diferente. Tengo 40 años y puedo contarlo, decir que soy una mujer más fuerte, más guerrera”.