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Roberto Mata, una mirada responsable detrás del lente

Roberto Mata, una mirada responsable detrás del lente

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Roberto Mata, una mirada responsable detrás del lente

Perfiles

1 mayo, 2014
*CAMACHO*, Álvaro

CAMACHO, Álvaro

Después de veinte años de trabajo ininterrumpido en su escuela de fotografía, Roberto Mata ha hecho dos paréntesis en su trabajo para involucrarse como ciudadano. Uno, fue el de estar inmerso en los tres últimos meses de vida de Eva Ekvall, la exmiss Venezuela que padeció cáncer de mama y el otro el de fotografiar y contar la situación de las víctimas de los hechos de febrero y marzo en Venezuela. “He sentido la necesidad como fotógrafo, de involucrarme como ciudadano. Yo no lo he buscado, al final las situaciones se me han puesto en frente y como individuo yo he reaccionado”.

Para este hombre de cuarenta y seis años que nació en Valencia, que hace fotografías desde que era un niño, que tiene dos hijos: uno de quince y uno de siete, los hechos de la Venezuela de los últimos meses le dieron una sacudida. “Yo necesitaba informarme y me pareció que si yo lo necesitaba, otras personas también”. Es así que decidió informarse, a través de los testimonios de los personas “que estaban viviendo esa realidad” y así comenzó a fotografiar, esta vez, con su teléfono. “¿Qué hay? Unas fotos muy sencillas con pequeños textos que acompañan esas fotos. Ahora lo que hay es un fotógrafo con una pretensión de que la imagen no sea todo, sino que la imagen, necesariamente esté acompañada de un texto para que funciones en conjunto”.

Ya son más de veinte perfiles de víctimas, contadas en primera persona o a través de sus familiares. “La que más me costó fue la del muchacho que le dieron un tiro en el ojo. A mi esa es la que más me ha pegado. No necesariamente el caso más grave es el que más te afecta”. Sobre el caso de Roberto Redman comenta que le costó hacer el retrato porque tuvo que ir al funeral y buscar al papá del joven. “Le pedí que se separara del velorio y fuimos a una vegetación para que posara. No solamente eso, sino que el momento más duro de toda esa historia, fue cuando el papá me dijo: ‘’¿Usted quiere que yo sonría?’”.

De los trabajos que más satisfacción le han dejado, afirma que “su mejor trabajo fotográfico es su escuela”. Luego toca el tema de Eva Ekvall. Son seis mil cuadros de imágenes: “Yo he sufrido mucho con esta historia. Nos hicimos amigos”. En este momento la voz se le quiebra. “De verdad no fue un trabajo, fue un permiso que yo me di”.

Está claro en que se negaría a hacer una foto “que vaya en contra de lo que quiere como país”, porque está convencido que “los retratos hablan”. Luego lanza: “Y si no hablan, yo escribo”. S.U.

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