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Oswaldo Vigas, voz y trazo del arte latinoamericano

Oswaldo Vigas, voz y trazo del arte latinoamericano

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Oswaldo Vigas, voz y trazo del arte latinoamericano

Perfiles

1 julio, 2005

DONDYK+RIGA

“Lo que yo digo está en los cuadros” con esta vehemencia, hija de la experiencia ganada y eco de caminos andados, se hace sentir Oswaldo Vigas, nombre propio del arte latinoamericano. Su obra, de evolución coherente y personalidad inconfundible, ha recorrido las galerías más importantes del mundo -del primero y del nuevo- y ha sido expuesta en las casas Christie’s y Sotheby’s con un valor sólo aventajado por el que le imprime el venezolano al artista en sí, tras cada nueva bienvenida a su tierra.

Proveniente de Valencia, cursó estudios de Medicina en la Universidad de los Andes, los cuales fueron culminados en la Universidad Central, en Caracas. Respirando aires capitalinos participó en el Taller Libre de Arte, pues desde niño, el que hoy porta el cargo de médico, sintió afición por la pintura. Habiendo obtenido el Premio Nacional de Artes Plásticas y el Premio Arturo Michelena (ambos en 1952, contando veintiséis años), emprendió viaje hacia París, cuna y musa del arte, siendo introducido en la atmósfera expresionista de la École des Beaux Arts de París, compartiendo con figuras como Ernst, Vasarely y Pervsner.

A su regreso a Venezuela en 1964, Vigas se destaca en el plano cultural no sólo por su creación, barca que navega por la pintura, escultura, tapicería, mas por sus agudas opiniones en torno a la vida artística y política en el país, inmortalizándolo como un artista polémico que hoy, disfrutando la orgullosa cosecha, confiesa: “No sirve de nada dar opiniones, lo importante es actuar”. Agregado Cultural de la Embajada de Venezuela en Francia, representante latinoamericano en las Bienales de Venecia y Sao Paulo, y en el Salón de Mayo de París, Oswaldo Vigas, un hombre identificado con el arte indio y africano; un hombre ajeno a los conformismos: dio su opinión, pero también actuó.

Actualmente reside en Caracas donde posee un taller que aún produce baluartes: “Yo vivo alejado del mundanal ruido”. Sobre nuestra ciudad comenta: “Maracaibo siempre ha tenido su propia personalidad, debido a que los maracuchos tienen un carácter propio”, mientras lee los versos que tanto le gustan, esos de Enok Rivera, y disfruta las pinturas de Hung y Cepeda. – E.R.