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Ana María Simón, los dos sobres

Ana María Simón, los dos sobres

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Ana María Simón, los dos sobres

Revista

26 febrero, 2018

Constanzo, Pablo

“La radio ha sido el medio en el que he sido más feliz. Lo puedo decir ahora que ya llevo 25 años en este oficio y en algunos otros y sé que en la radio no sólo he tenido las mejores experiencias y he encontrado grandes amigos, sino que además fue un medio que me permitió tener solvencia económica y la posibilidad de organizarme a futuro. En 1999 apenas tenía cuatro años trabajando en la 92.9 FM, pero la cosa estaba tan bonita y próspera en nuestro país (Venezuela) que me dio chance de ahorrar para la inicial de lo que sería mi primera camioneta comprada por mí solita, sin pedirle prestado ni a papá ni a mamá ni a nadie, solo ahorrando. (Sí, millennials, no lloren. Alguna vez eso fue posible en nuestro país sin necesidad de ser enchufado). Para pedir ese crédito hacía falta mil recaudos y yo andaba toda ‘echoneta’ porque los tenía todos. Sólo me faltaba lo más fácil de conseguir: tres referencias personales. Una de ellas se la pedí a mi compañera de radio, Vanessa Archila. Ella, junto a Noliyú Rodríguez, tenían un programa llamado Tiempo de Cuaimas y preferí pedírselo a Vanessa porque me parecía la más seria, la ‘productora’ que iba a darle un aval un poco más sólido a ese requisito. El día que fui a recoger los papeles ella me entregó dos sobres y me dijo: ‘Te hice un par por si acaso. Léelas y escoge la que más te guste’. Guardé ambas cartas con el resto de los recaudos y me fui directo al banco orgullosa de mis estados de cuenta y con la certeza de que era imposible que me negaran el crédito. El gerente comenzó a revisar los recaudos, vio los estados de cuenta, las referencias bancarias y conforme iba leyendo, iba asintiendo. Yo, por supuesto, ‘echonetísima’. Cuando llega a las referencias personales me doy cuenta que le entregué ambos sobres y no filtré cuál de los dos me gustaba más. Él abrió uno al azar y cuando lo comenzó a leer, empezó a darle un ataque de risa y me dijo: ‘Ana María, creo que una de tus referencias personales te ha jugado una broma’. Le pregunté a qué se refería y sin imaginarme lo que se venía me comencé a contagiar con su risa, con la diferencia de que la mía era nerviosa. Me dijo como pudo en medio de su carcajada: ‘Toma, léelo tú misma’. La carta decía: ‘Por medio de la presente hago constar que conozco a Ana María Simón de vista, tacto, gusto y pachanga y me consta que es una profesional muy seria que se ha dedicado en los últimos cinco años a la prostitución y tiene su propia casa de citas. Le ha ido tan bien que ahora necesita comprar esa camioneta para el traslado de sus empleadas, ya que a partir del mes que viene va a diversificar su negocio y tendrá servicio a domicilio’. ¿Que si me dieron el crédito? Pues sí y lo más lindo es que ese banco, ese primer banco que confió en mí, se convirtió más adelante en mi cliente… de la radio”.