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Orlando Barrios, los colores de un pueblo

Orlando Barrios, los colores de un pueblo

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Orlando Barrios, los colores de un pueblo

Perfiles

1 julio, 2014
Cortesía Orlando Barrios

Cortesía Orlando Barrios

La pintura y Orlando desde siempre han tenido algo desde que la fascinación por los colores y los óleos lo cautivaron. La historia entre ellos siempre ha encontrado una nueva forma de contarse y de mirarse. Probablemente, allí esté el encanto que encierran sus cuadros, el que sigue cautivando a grandes capitales como Londres y Nueva York.

El artista plástico Orlando Barrios, oriundo de Maracaibo, es hoy uno de los principales impulsores de la cultura Wayuu en el extranjero. Sus influencias están signadas por el importante legado de sus tíos: Bartolo Lugo, paisajista venezolano y Premio a las Artes de 1968 en México, y Juanita de Lugo, pintora ingenua. Ellos fueron su referencia inmediata en la infancia, pero su trayectoria también está marcada por grandes artistas como la profesora Lía Bermúdez y del fallecido maestro Oswaldo Vigas, quienes a pesar de ser más abstractos que figurativos, le brindaron una visión más amplia de lo que era el arte y lo arrojaron en una búsqueda de su propia identidad como artista.

Pero encontrar su punto distintivo no fue fácil. Debía encontrar algo que le aportara un sello a sus retratos y pinturas figurativas. Fue allí cuando recurrió al pasado, a sus raíces bogotanas. Y buscando el punto medio entre sus dos naciones, descubrió el encanto de un pueblo, de una raza y sus colores. “Esa pureza y autenticidad de los Wayuu era envidiable y quería plasmarla en mis cuadros”, dice.

Y aunque para Barrios la pasión por las artes es irreversible, desde joven sintió una fuente vocación por enseñar. Fue así que a los dieciocho años empezó a dar clases de inglés y tiempo después se convirtió en profesor titular de la Universidad Rafael Belloso Chacín. A la par cursó su licenciatura en Administración de Empresas. “Siempre he sido curioso y me ha gustado aprender y leer, creo que una cosa me ha llevado a la otra”, comenta.

Para cada una de las facetas en que se desenvuelve, Barrios no consigue mejor aliciente que los ojos de su esposa Marilene, un café bien cerrero y alguna pieza de Chopin. Así, entre óperas, tertulias y su familia, no sólo ha logrado hacer sus mejores cuadros, sino que ha cultivado sus mejores recuerdos, sus grandes momentos. Cree firmemente que Dios le ha llevado a encontrarse con un pueblo, con sus creencias y con sus colores, con el fin de conciliar a dos naciones con sus orígenes y devolverle el más amplio sentido de autenticidad. L.A.

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