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Juan Carlos Faría, prestigio sobre ruedas

Juan Carlos Faría, prestigio sobre ruedas

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Juan Carlos Faría, prestigio sobre ruedas

Perfiles

1 octubre, 2009

DONDYK+RIGA

Asientos de cuero, diseño elegante en su exterior, espaciosa en su interior y con un mini bar donde la champagne espera ser descorchada, es una experiencia que todo cliente de Juan Carlos Faría y su empresa, Prestiggio, ha disfrutado a bordo de sus limusinas desde 1996: “Desde pequeño mi pasión eran los carros. Comencé trabajando como taxista sin tener necesidad, sólo por curiosidad. Aunque me gradué en Economía, siempre estuve involucrado en el área de servicio de transporte. De hecho, lo que aprendí en la universidad lo terminé aplicando en mi propio negocio”. Luego de co-fundar Villa Cars con su familia, Juan Carlos se independizó orientándose a otro tipo de servicio: traslados en limusinas y coches de época para eventos sociales y ejecutivos: “Poco a poco fuimos creciendo, comprando carros cada vez más lujosos y adiestrando a nuestro recurso humano”. Con el paso de los años, la experiencia le ha aconsejado prestar atención a los detalles y en ello basar el éxito de Prestiggio: “Lo que nos diferencia de la competencia es el valor agregado que damos al complacer las   exigencias de cada cliente, y eso abarca desde tener el periódico del día o una la revista predilecta del cliente al entrar al carro, hasta ofrecerle su bebida preferida. Así fue como logramos dejar una excelente impresión en artistas como Celia Cruz y en importantes empresarios como el vicepresidente en Latinoamérica de Herbalife”. Una colección de aproximadamente dos mil coches a escala -que forman parte de un tesoro personal que ha surtido desde muy temprana edad-, y otra de clientes satisfechos que buscan su servicio en cada visita a la ciudad son el saldo de Juan Carlos Faría tras quince años de labor: “Si fuera por mí, me la pasaría más tiempo manejando para los clientes todos los carros de la empresa que sentado en la oficina. Aunque de vez en cuando me doy el gusto. Prestiggio es, sin duda, producto de un juego de niños, que pasó a sueños de adolescente y terminó en realidad de adulto”. A.B.