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Rafael Revilla, el intelecto detrás de El Muérgano

Rafael Revilla, el intelecto detrás de El Muérgano

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Rafael Revilla, el intelecto detrás de El Muérgano

Perfiles

1 diciembre, 2008

DONDYK+RIGA

La intriga tomó por asalto a Maracaibo a mediados de los ochenta. De pronto las calles más transitadas amanecían con murales de un irreverente sapo vestido con camiseta de rayas horizontales rojas y blancas, short azul y gomas clásicas Adidas de aquella famosa época. La razón de este personaje, amparado bajo el nombre de El Muérgano, era el tema de conversación por excelencia, mientras en la radio retaban a los oyentes a descubrir el origen de este colorido ciudadano. Entre partidos políticos se acusaban la autoría de este sapo que en más de cincuenta ocasiones dio pistas de lo que no era. El misterio quedó develado un 24 de julio de 1987 con la circulación de miles de afiches que explicaban su carácter de semanario. A diez bolívares, con la promesa de salir todos los viernes sin falta, con sátiras, críticas y comentarios sobre la política nacional, el ingenio de Rafael Revilla se presentaba ante la opinión pública. Nacido en Barquisimeto, llegó al Zulia, la tierra natal de sus padres, a los veinte años para estudiar Sociología en LUZ. Especializado en propaganda y publicidad, trabajó recién graduado con el partido Acción Democrática analizando medios en plena campaña electoral entre Jaime Lusinchi y Rafael Caldera. Tras ocupar cargos en el gobierno, Rafael se retiró del ruedo político decepcionado de los gobernantes de turno pero sin perder su cariño por el partido blanco: “El tema de la propaganda siempre me sedujo, así que después de irme bastante decepcionado, ese enfado con la política la volqué en un proyecto editorial: El Muérgano, que me sirvió de catársis y que resultó de mi anhelo por hacer cosas en propaganda. La campaña de expectativa fue tan impactante que la Disip me investigó porque no se sabía quién estaba detrás de los murales. Cuando el sapo comenzó a aparecer en las calles se tejieron toda una serie de rumores hasta el primer día en que se publicó y a las nueve de la mañana los pregoneros andaban con las manos vacías. Hasta el día de hoy la gente recuerda de El Muérgano la jocosidad, cuando nosotros no pretendíamos serlo. Nuestra meta fue reflexionar mediante la sátira y creo que lo logramos”. A.B.