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Marzo 7: un día que cambió a Venezuela

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Marzo 7: un día que cambió a Venezuela

Actualidad

Hoy se cumple un año del apagón general que dejó sin electricidad a todo el país entre 5 y 7 días continuos.

6 marzo, 2020

Un silencio ensordecedor revelaba un panorama que los venezolanos nunca pensaron que iban a vivir. Todo permanecía en una tensa calma, no se escuchaba música, ni aires acondicionados, ni equipos de sonido. Un país entero se paralizó el 7 de marzo de 2019 en la tarde, cuando Venezuela se quedó sin luz  por más de 5 días continuos, y en algunos estados hasta 7 días.

La desesperanza invadió a cada una de las personas que vivieron el apagón, aniquilando por completo la esperanza de que algún día mejorarían las cosas en el país.  A partir de ese momento, todos los ciudadanos de todas las clases sociales, razas, credos y edades padecieron de los mismos males sin distinción alguna.

Noches en vela, con calor y mosquitos tuvieron que pasar las personas que no estaban preparadas para la caía del servicio eléctrico, quienes eran la gran mayoría del país. Por las altas temperaturas de la época del año, muchos optaron por dormir a las afueras de sus hogares. Vivir en un mundo sin electricidad parecía cosa del pasado, hasta que los venezolanos se vieron obligados a regresar a las viejas costumbres como la recolección de agua y cocinas en leña.

Ninguna planta eléctrica estaba preparada para abastecer días enteros sin luz, lo único que sí estaba listo para salir a flote era la convicción interior de cada uno de las personas de salir adelante y esperar el día en que todo volviera a la normalidad.

En ese día 7 de marzo de 2019,  ocurrió lo que los especialistas tanto advertían, el peor de los colapsos eléctricos de la historia en Venezuela. El apagón nacional  afectó a la mayoría de los 23 estados del país, al dejar completamente a oscuras a una nación completa solo provocó un desastre de una magnitud difícil de imaginar, como efecto dominó uno a uno de los servicios empezaron a colapsar.

Al no haber electricidad las actividades cotidianas parecían imposibles de realizar, abastecerse de gasolina era una misión imposible porque ninguna estación de servicio estaba equipada con plantas eléctricas, el transporte público desapareció y las ciudades estaban totalmente paralizadas.

Las personas recurrieron a guardar sus alimentos en cavas o hielo seco para intentar conservar sus productos perecederos, a pesar de sus intentos, muchos alimentos se pudrieron en la nevera mientras que el hambre estaba más presente que nunca. También buscaban formas de refrigerar medicinas para tratamientos especiales, como quimioterapias y diabetes.

Los servicios médicos colapsaron, la mayoría de los centros de salud del país no contaban con un generador eléctrico, y los que tenían no daban abasto para tantas horas sin energía. Realizar una cirugía era imposible y muchos de los pacientes que dependían de aparatos para vivir fallecieron en los hospitales del país.

La desinformación protagonizó esos días de incertidumbre, no había señal telefónica, las operadoras no funcionaban y los únicos medios de comunicación que seguían al servicio eran los que contaban con generadores eléctricos.

Muchos locales comerciales, hoteles, universidades privadas y restaurantes que sí poseían planta eléctrica abrieron sus puertas a aquellas personas que necesitaran cargar sus equipos electrónicos. El comercio cayó bruscamente, porque a falta de energía y efectivo no existían métodos de pagos, y para esos días del apagón nacional ya había regresado la vieja costumbre del trueque.

Muchos comerciantes empezaron a regalar sus producto antes de que se les dañaran. El venezolano es conocido en el mundo por su alegre forma de ser y en medio del desastre, salió a flote ese venezolano solidario, con intenciones de ayudar al otro. Estar sin luz permitió que nos reencontráramos con nuestros familiares, amigos y vecinos , los niños dejaran los aparatos electrónicos y regresaran a jugar en las calles.

Después de pasar tres días continuos sin luz y al no recibir noticias alentadoras de la restauración del  servicio eléctrico, las personas estaban desesperadas. En el medio del pánico la anarquía se abrió paso causando estragos en los comercios, empezaron los saqueos de las tiendas de alimentos.  Cada hora que pasaba, era una hora más en que los ciudadanos indignados se dedicaban a cerrar calles y a protestar.

En medio del colapso, familias enteras decidieron irse del país a toda costa, la mayoría optó por viajar en carretera. Los estados más afectados fueron los fronterizos con el país de Colombia. Para el 12 de marzo ya en algunos estados se estaba empezando a restablecer la electricidad y no fue hasta dos días después el 14 de ese mismo mes, que la luz regresó a gran parte del país.

Expertos y fuentes de la empresa estatal Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional), aseguraron que el apagón nacional fue por falta de mantenimiento, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro le atribuyó los apagones a los sabotajes. El daño que les dejó el apagón a los comercios y empresarios  fue indiscutiblemente un golpe muy fuerte, y esas empresas que lograron mantenerse en pie, hoy todavía trabajan en recuperarse.

El 7 de marzo de 2019 fue un día que cambió a Venezuela, en el cual la desinformación, la anarquía, la oscuridad, la incertidumbre e incluso la solidaridad tuvieron lugar en ese desastroso momento. Algo tan básico como tomar agua fría se convirtió en todo un privilegio que pocos podían costear, una bolsa de hielo podía llegar a valer $20 en efectivo.

Sin duda alguna, ninguno de nosotros podrá olvidar ese primer vaso de agua fría que nos tomamos cuando todo regresó a su “normalidad”. Los venezolanos son considerados personas trabajadoras y constantes, y el 7 de marzo marcó un antes y un después en nuestra historia.