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Cleothilde Najul, el arte de meditar

Cleothilde Najul, el arte de meditar

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Cleothilde Najul, el arte de meditar

Perfiles

1 octubre, 2009

DONDYK+RIGA

En el yoga, Cleothilde Najul descubrió una forma de conocerse a sí misma e irradiar energía positiva a los demás. Luego de tres años de aprendizaje, pasó de ser la talentosa alumna del maestro Vladimir Gil a una de las instructoras en el centro Karuna. Hoy, comparte lo aprendido con sus alumnos en las clases que imparte desde la tranquilidad del Sábila Spa del Hotel Kristoff: “Conocí el yoga por razones de salud. Sufría de crisis de alergias y el doctor me recomendó una charla que ofrecía el maestro Vladimir para apaciguar el estrés. Aunque fui por curiosidad me identifiqué con muchas cosas que escuché ese día. Allí me di cuenta que la meditación que me ofrecía el yoga podía ayudar a curarme”. Aunque en Maracaibo no existe una tradición de practicar yoga, cada día esta disciplina gana adeptos y parte de ello gracias a la labor de esta marabina de raíces libanesas. El yoga entró en su vida como la compañera ideal para su otra pasión: el ballet clásico, de la cual es profesora desde hace más de una década en la Secretaría de Cultura, un lugar que conoce bastante bien desde pequeña: “Mi mamá siempre quería que sus hijos se mantuvieran activos y no encerrados en casa mirando la televisión. Ella trabajaba para la Secretaría de Cultura y en el Teatro Bellas Artes, así que nos inscribió a mí y a mis hermanos en cuanta clases de música, pintura, teatro y ballet había disponible. Crecimos inmersos en el mundo artístico”. A los diecisiete años ya bailaba profesionalmente con la compañía Ballet Danzarte de Maracaibo y su rutina distaba mucho de la rigurosa vida universitaria: “Pasaba ocho horas entrenando en el salón de clase y viajando al resto del país para presentarme sobre los escenarios. Tomé clases en muchas partes y hasta llegué a vivir en Alemania. Hice de esto mi profesión”. A su regreso al país, la pedagogía nuevamente llamó su atención pero esta vez en el terreno del yoga: “Cada alumno es un mundo. Vivimos pensando en lo que tenemos que hacer, sin guardar tiempo para nosotros, pero en el yoga no existe pasado ni futuro, sólo el presente. La meditación es un viaje interno que permite conectarnos con nuestro yo interior. Es por eso que al terminar cada clase se ven tan relajados y en paz, algo verdaderamente gratificante. Después de tanto tiempo, si algo he aprendido es que querer es poder, definitivamente todo está en la mente”. A.B.

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