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Munira Yordi, el sabor de la nostalgia

Munira Yordi, el sabor de la nostalgia

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Munira Yordi, el sabor de la nostalgia

Perfiles

1 diciembre, 2008

DONDYK+RIGA

Un modesto kiosco de doce metros cuadrado, ubicado a la entrada del centro comercial Costa Verde, revive la nostalgia de quienes alguna vez se deleitaron con las golosinas de Chocolamú. Aunque este paraíso de detalles y dulces se mudó en 1981 al Centro Lago Mall, sigue bajo el mando de su dueña, Munira Yordi, quien desde su interior ha endulzado a varias generaciones de marabinos. En el recuerdo de muchos aún persiste el sabor de aquellas inolvidables barquillas rellenas de bombones, envueltas en papel celofán: “Todo comenzó cuando mi ex esposo decidió montar una red de comida rápida, que en aquella época eran muy escasas. Empezamos vendiendo desayunos y meriendas. Abrimos diez Chocolamú, sin embargo, el de Costa Verde, que era el más pequeño y el que yo administraba, fue el más exitoso. Como no me gustaban los desayunos que vendíamos, empecé a hacer arreglos con chocolates y bolsitas de regalos. A la gente le encantó tanto que la tienda se convirtió en una dulcería icono de la ciudad”. Con su título en Administración de Empresas y una notable habilidad para las manualidades, Munira hizo de Chocolamú una mina de oro a la que todos acudían en ocasiones especiales y, sobretodo, cada 14 de febrero: “Nos esmerábamos siempre, pero con especial dedicación el Día de los Enamorados, porque parecía que todos los novios de aquella época nos compraban los regalos”. Luego de dos décadas, Munira sigue pendiente de su negocio, cuidando que cada lazo esté bien colocado y cada chocolate perfectamente adornado, tal como si fuera su primer día en Chocolamú: “Después de tanto tiempo todavía lo disfruto. Este negocio me ha traído muchas satisfacciones. Cuando me mudé hubo gente que me decía: ‘¿Por qué me hizo eso?, esa tienda era  como algo mío’. Yo no puedo ni pasar por el lugar porque siento nostalgia. En Costa Verde conocí muchos niños que iban a comprar y que ahora son grandes y vienen con sus hijos. Les dicen: ‘aquí me traía mi papá a comprar dulces, ahora yo te traigo a ti’. La gente se da cuenta que sigue siendo Chocolamú, porque sigo como antes: sin vender nada en su caja original porque eso significa vender igual que todo el mundo. Todo lo deshago y lo adorno para mejor o para peor, pero nunca igual a ningún otro negocio”. Después de tantos años, no cabe duda que ninguno será como Chocolamú. A.B.