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Jairo García, los frutos de toda una vida

Jairo García, los frutos de toda una vida

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Jairo García, los frutos de toda una vida

Perfiles

1 marzo, 2008

DONDYK+RIGA

Tal cual el pastor conoce bien a sus ovejas, Jairo conoce como a la palma de su mano las frutas que vende en su modesto local. Lo que alguna vez fue una pequeña mesa desbordada por frutas y verduras, apiñadas en una esquina de la avenida Universidad con Bella Vista, es hoy la ordenada y muy concurrida frutería Las Mercedes. Quien entra al local reconoce sin mucho esfuerzo a su dueño, quien atiende con dedicación a los clientes que con frutas en las manos le preguntan por su frescura. Sólo alguien como Jairo es capaz de responder con sólo un vistazo y de paso acertar. Y es que son dos décadas las que lleva conociendo las bondades de lo dulce y lo ácido.

Esos mismos años son los que le diferencian del resto de los vendedores que se limitan a adivinar. A sus cincuenta años la experiencia le regaló el don de saberlo a primera vista. Además del esfuerzo constante, Jairo recuerda cómo comenzó todo a sus diecinueve años, cuando partió de su natal Valle del Cauca en Colombia a buscar mejores oportunidades en Venezuela. Fue en una hacienda ubicada en Jesús Enrique Losada donde la suerte le empezó a sonreír. Tras ganarse la confianza de la dueña, trabajó como encargado recordando lo que su familia de agricultores le había enseñado de pequeño.

Al constatar que la dedicación lograba metas, Jairo decidió nuevamente probar suerte pero esta vez en Maracaibo, donde agotadoras jornadas bajo el implacable sol de la tarde eran su rutina diaria. Allí aprendió más sobre su oficio al venderle a personas que con bondad le enseñaban en cada visita lo que ni la familia ni la hacienda le impartieron sobre las frutas, como fue el caso del dueño del restaurante Marsico, Orazio Ramagnano: “Él me explicaba cómo escoger las frutas y las verduras para venderlas, y yo aprendí rápido”.

En los momentos difíciles Jairo ha estado acompañado por su esposa, otra colombiana que emigró para superarse y con quien mantiene una historia de amor que trascendió fronteras. Ambos se conocieron de pequeños en su pueblo natal y luego de perder contacto por varios años se reencontraron en Maracaibo tratando de mejorar su calidad de vida. Hoy tienen tres hijos que le ayudan en el negocio familiar, el mismo que ansía expandir en el futuro con la dedicación y la suerte que nunca lo han desamparado. – A.B.