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Gustavo Aguado, el tridente de Guaco

Gustavo Aguado, el tridente de Guaco

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Gustavo Aguado, el tridente de Guaco

Perfiles

1 diciembre, 2008

DONDYK+RIGA

“Nacido en Maracaibo, Escorpión, al lado de La Chinita. Tengo cincuenta y ocho años de edad, pero me siento de treinta y dos. Esa es mi ficha”. Talentoso de oído y melómano por naturaleza, así se describe Gustavo Aguado. El menor de tres hermanos creció con la música como proyecto de vida, rodeado de una familia que la disfrutaba constantemente: “En mi casa siempre había música, sin embargo, yo era un inconforme, me aburría muy rápido de los instrumentos. Era de los amantes infieles, así que aprendí a tocar poco pero de varias cosas. Hoy en día escucho de todo, soy un devorador de la música”. Durante su bachillerato en el Carmelitano de Pamplona, Colombia, enriqueció su experiencia una vez que los curas del colegio lo escucharon cantar: “Ellos me metieron en la Tundra Carmelitana, un conjunto que daba serenatas por los colegios vestidos como mosqueteros, todo de negro con capa. Si las chicas se prendaban de tu voz, te enviaban al colegio una cinta para lucir en la capa. Aprendí mucho allí en cuanto a música española, mientras que los fines de semana íbamos a la plaza mayor y me conseguía a gente de Caracas escuchando salsa. Poco a poco se me fueron despertando muchas cosas”. A su regreso y con dieciséis años empezó con Guaco, un conjunto de gaitas conformado por sus vecinos de la urbanización Sucre y sus hermanos, quienes lo llevaban a los ensayos cuando les tocaba cuidarlo. “Lo veía más como un hobby que cualquier cosa, pero ver lo que he logrado con esta banda me hace muy feliz. Dios me puso en el camino gente muy talentosa y valiosa que me ayudó a crear esto. Al principio queríamos ser casi malabaristas, sólo para demostrar que en Venezuela se hacía música tan buena como en otra parte del mundo”. Los ochenta fueron su época dorada cuando, con la superbanda de Venezuela, cada canción era un éxito y grandes talentos se paseaban por ella: “Absorbí siempre lo mejor de todos los que pasaron por la banda. Me dejaron un legado muy importante, porque mis libros fueron los discos y mis clases fueron el compartir con los músicos. Después de tanto tiempo, hoy siento más nervios que la primera vez que me monté en un escenario”. En los brazos de este rockero oculto, incapaz de perder su acento maracucho pese a vivir desde hace años en Caracas, tiene tatuadas sus dos pasiones: las iniciales de su familia en el derecho y en el izquierdo el tridente que caracteriza a Guaco, símbolo de su sueño cumplido. A.B.

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