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Fernando Asián, artista de expresión infinita

Fernando Asián, artista de expresión infinita

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Fernando Asián, artista de expresión infinita

Perfiles

1 octubre, 2007

DONDYK+RIGA

Definir su acento es sencillo: quien nace en Madrid nunca se deslastra, y quien se cría en Sevilla menos aún. Definir el estilo de su obra es un poco más complejo, fruto de una experimentación en distintos géneros. Lo que sí puede asegurarse es que para Fernando Asián el dibujo, más que cualquier otra forma de expresión, le produce un “especial cariño”. De niño su abuelo, también artista, lo inscribió en la Escuela de Artes y Oficios en Madrid, para ya grande forjarse una educación más libre en Londres: “Fue un momento extraordinariamente libertario”. Eran finales de los sesenta, y concebía y dibujaba historias en formato de cómics, que eran luego publicados en algunas revistas. Así ingresó al círculo de artistas que deambulaba por el mundo tras fuentes de inspiración. La suya la halló en el trópico. En 1972 llegó a Venezuela, y comprendió que “Maracaibo era la ciudad ideal”. Su primera exposición, en la galería Gaudí de una conocida escultora de entonces, Lía Bermúdez, estuvo enmarcada en los inicios del óleo en una sociedad con fiebre de dibujo: “El arte para mí siempre ha sido emoción”. En búsqueda de esta sensación profundizó la ilustración en la revista local Respuesta; el trabajo editorial en catálogos para el Museo de Artes Gráficas; surcó el surrealismo expuesto en galerías nacionales e internacionales, y obtuvo varios reconocimientos por su destreza como dibujante. Su habilidad escultórica alcanzó un clímax que produjo la escultura más alta de Maracaibo, el pebetero situado en el Pachencho Romero, con motivo de los Juegos Centroamericanos. Estando ligado a lo dinámico del arte, evolutivo y cambiante, como profesor de la Facultad Experimental de Arte de LUZ, Fernando se comprometió desde 1999 con una actividad abierta a las posibilidades de la informática: el Salón de Arte Digital. Recuerda una sala en blanco del Bellas Artes que en días se convirtió en el lienzo manchado de artistas que como él creen en la digitalización de las obras, convencido como está de ese “mundo de desarrollo infinito”. El mismo infinito de sus emociones expresadas a mano alzada en un dibujo. E.R.   

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