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Irma Parra y Douglas Bermúdez, unidos por el cordón artístico

Irma Parra y Douglas Bermúdez, unidos por el cordón artístico

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Irma Parra y Douglas Bermúdez, unidos por el cordón artístico

Perfiles

1 Mayo, 2006

DONDYK+RIGA

En un extremo se halla Irma, movida por la integración de la cultura wayú en su obra, en el otro Douglas, inspirado en la mitología griega y el padecimiento humano. Unidos por un cordón que no fue cortado al nacer, aunque el camino se bifurque la vena artística traspasa, haciendo de esta familia de cuatro –Henry, Irma, Camilo y Douglas– una amalgama de creatividad que se derrama por los poros.

Irma Parra cruzó el umbral de la Escuela de Arte Julio Árraga sin un plan trazado; allí conoció a su actual esposo, Henry Bermúdez, y su actual ocupación, el arte, que en un principio habló a través de la cerámica, en la época de sus estudios en la Escuela de Diseño y Artesanía de México, y que hoy porta como emisor a la escultura, con la voz noble de la madera y el metal.

Douglas aprovechó el periplo artístico que ha sido su vida en un hogar en el que el aire huele a óleo y las flores duran más compitiendo con tanta estética, para inventarse su propio cuaderno de dibujo y descubrir, a muy temprana edad, que quería ser pintor. Nutrida de las formas variopintas del mundo, habiendo asistido al Sculpture Center en Nueva York y enraizada en una infancia que la remonta al arte wayuu, tras veinte años de búsqueda, Irma confiesa: “Esta es la época en que estoy haciendo las piezas que quiero para mi obra”. Ha obtenido los primeros lugares en el Salón Nacional de Oriente y el Arturo Michelena y comparte con Douglas la experiencia de enseñar en la Facultad Experimental de Arte de La Universidad del Zulia, lo que le da sentido a su quehacer. Douglas, que se formó en la Escuela Armando Reverón y con Tanatorios inauguró su experiencia individual, plasma imágenes de muerte y agonía en piezas tan inmensas como la inexplicable ternura que una influencia romántica deja escapar en sus cuadros. “Vivir el temor de hacer una obra” es lo que agradece a ambos padres y a Irma el realismo de la vida y ese cordón que los nutre de este don de creadores. E.R.