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Alejandro Garrido, un viajero de Panamá para el mundo

Alejandro Garrido, un viajero de Panamá para el mundo

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Alejandro Garrido, un viajero de Panamá para el mundo

Entrevistas

Las distintas culturas le atraen, experimentar la realidad de sus habitantes es su principal objetivo. Para este joven nacido en Panamá, viajar es una forma de vida que abre la mente y permite sentir empatía por los demás.

19 julio, 2017

SALAS, Fabiola

Al pensar en su pasado lo primero que recuerda es viajar. Alejandro es oriundo de Panamá, pero al año de nacido sus padres se mudaron a Tailandia, viviendo una crianza multicultural. Todos los años visitaban su país natal, para “mantener el amor a su país”. Así, sin darse cuenta, ellos le enseñaron a su hijo que la mente se abre al conocer distintas perspectivas. Alejandro siguió su corazón y empezó una travesía en la que busca conocer más personas, más tradiciones, más países.
Sus viajes no son de lujo, jamás. Lo primordial es conocer en primera mano la forma de vida de cualquier local, en su tierra, con su rutina. Una experiencia cultural que, al venir a Venezuela sumó a 68 su número de países visitados, le ha enseñado que viajar es clave para comprender mejor el mundo, literal e hipotéticamente.
Se dirige a los desconocidos como si para él fueran conocidos de toda la vida, contagiando su alegría al resto, dando parte de él para recibir lo que los locales puedan dar. Representa un feedback. Su espontaneidad se evidencia, sin duda le permite disfrutar de la experiencia al máximo. Y quizás no acabe nunca, solo hasta el final de sus días. De todos modos, entre tantas personas, países y costumbres; hay muchísimo por aprender y por ofrecer.

¿De qué forma te influenció haber sido criado en Tailandia?
Cambió mi mundo, fue una experiencia única que me encantaría poder ofrecerle a mis hijos. Siento que al haber estado fuera de mi país desde tan joven, me criaron –tanto la vida como mis papás– de forma diferente. Hoy en día, esa experiencia me define. Para mis padres y para mí fue igual: vivir fuera del país por varios años, sin embargo, la percibimos de forma diferente. Para ellos fue más difícil, experimentaron en primer lugar el choque cultural y ciertos obstáculos. Para mí eso no existió.
No se trata solo de viajar, sino de los beneficios que esa experiencia te da: abre tu mente, cambia tu mundo, te enseña otra perspectiva sobre la vida y la gente. Pienso que al haber estado en Tailandia me hizo una persona mucho más abierta, por eso veo a la gente de forma diferente. Eso sí, mis papás siempre se encargaron de que me sintiera panameño, estuve seis años en Tailandia, pero visitábamos Panamá uno o dos meses al año. Me inculcaron las tradiciones de mi país, la cultura panameña. Hay niños que entre tantos países que visitan, no tienen sentido de pertenencia, pero en nuestro caso (con mis hermanos), mis papás se encargaron de llevar a Panamá con nosotros.
Hoy en día, eso hago. Panamá siempre está conmigo.

¿Cómo suelen ser tus viajes?
Para mí hay muchas formas de hacerlo. Hay veces que he ido como mochilero, hay viajes que son turísticos. Hay otros en los que son de aprendizaje, buscando un contexto y contenido más profundo. En otros me enfoco en conocer gente, una cultura diferente. Hay viajes de trabajo, viajes en los que me involucro con causas sociales (como en comunidades de las favelas en Brasil). Puede ser un viaje social… Pienso que ser nómada o viajero tiene que ver más con la forma en la que ves la vida y a un país en el que llegas. Se trata de estar conectado con un lugar u otro, más que con solo estar.

Cuando dices que te consideras nómada, ¿es literal? ¿O acuñes el término al hecho de viajar?
Ser viajero y ser nómada es algo mental, no solo de estar moviéndote todos los días. Viajar no es un lujo, un hábito, un hobby, ni un trabajo –o al menos para mí–. Hay personas que lo venden de esa manera, diciéndote cómo debes viajar. Pero para mí, es un componente de vida, viene conmigo desde que tengo memoria. Pienso que te hace crecer como persona, dándote libertad, te cambia. Todo el mundo viaja, tan cerca o tan lejos como puedan, dentro o fuera del país. No es necesario irse 500km al sur, porque radica en la forma en la que ves las cosas. Considero que soy un ciudadano del mundo que lleva a Panamá a donde quiera que vaya y llevo el mundo a Panamá.

¿Qué proyectos tienes por realizar?
Me encuentro produciendo uno nuevo, ciertos videos documentales. No estoy siendo nada más creador de contenido, también participo como productor. El objetivo es mostrarle el mundo a la audiencia, a través de mis ojos, mi perspectiva. Siempre me encuentro buscando experiencias únicas y nuevas oportunidades, las cuales quiero compartir con el público. No quiero entretener únicamente, también quiero inspirar, que la gente se quede con algo. Es tan simple como inspirar a alguien a que tome el riesgo, que salga de su zona de confort. Inspirar a ser más tolerante y ver las cosas de otra forma, invitar al reconocimiento de que el mundo no es igual. Que algo se puede ver bien en un lugar pero en otro no, todo eso es aprendizaje. Quiero darles la oportunidad de que vean el mundo de otra forma. Porque uno puede viajar a través de un programa, un libro, una historia. Es algo más que solo estar en movimiento físico… Viajar da mucha libertad y eso quiero ofrecerlo, porque te hace crecer. Expandes tus horizontes.

Según tu perspectiva como influencer extranjero, ¿cómo es el alcance de las redes sociales en Venezuela y su impacto?
Los venezolanos interactúan muchísimo, es increíble. Desde mi punto de vista, se que es por la situación actual, en la que las redes brindan una libertad que en los medios no se consigue. Tanto creativa como emocional, es una forma de expresión. Como extranjero, lo he sentido. En otras partes la interacción no llega de esta forma, en Venezuela es contundente, las personas le dan mucha más importancia que en cualquier otra parte de Latinoamérica, es tangible. Trato de compartir lo más que pueda con el público y me llena de emoción saber que viven lo mismo que yo a través de mis redes.
Considero que es mágico poder transmitir los sentimientos de una población a quienes están fuera, es una de mis motivaciones.

¿También fue tu motivación para venir a Venezuela?
Muchas personas me han dado las gracias por “ser voz de las demás cosas que ocurren en Venezuela y por enseñar que no todo es malo”, me agradecen por mi punto de vista de extranjero. Siempre había estado interesado en venir a Venezuela, ya que en los medios de comunicación se dicen muchísimas cosas, tanto para bien o para mal, y se han encargado de enfocarse en enseñar un solo lado de la moneda…
Yo quería ver, y experimentar todo, en primera persona. Más allá de los comentarios de los demás. Descubrí que Venezuela es un país de muchas realidades. Por eso considero que es importante reconocer que antes de emitir una opinión –en cualquier aspecto de la vida– uno debe experimentarlo. Eso decidí hacer yo, experimentar el país con sus realidades, con lo que viven sus habitantes. Con la realidad que yo viví dentro de Venezuela y no la que me dijeron mis amigos que están afuera o los medios de comunicación. Puedo decir que sí, hay cosas malas, cosas feas; pero que al mismo tiempo hay cosas bonitas, un pueblo emprendedor, gente alegre con ganas de salir adelante y no parar. No puedo decir que todo es color de rosa, porque eso no ayudaría a la situación. Pero también hay cosas positivas en las que uno puede enfocarse. Cuando visito un país, busco llevarme lo positivo, lo que me enriquezca. En todos mis viajes me han intentado robar, me han robado… Pero no es eso lo que recuerdo, no quiero darle importancia a lo negativo. Quiero ser mensajero de lo positivo.
Estando en Venezuela, apenas en tres días ya me hicieron sentir en casa. Imagínate si todos nos quedamos con lo positivo y le sacamos provecho, superando a los problemas con nuestras habilidades. Todo sería diferente.

Además del enfoque cultural que le das a tus viajes, ¿qué más quieres hacer al visitar alguna ciudad?
Quiero involucrarme con los ciudadanos. Puede ser en su forma diaria de vivir, en sus comunidades, con fundaciones… En Brasil suelo ir a las favelas, porque participo en actividades con varias fundaciones. De igual forma fue aquí en Venezuela, me involucré con una fundación que recién está creciendo. Me encanta conectarme de esta forma con las comunidades, desde pequeño siempre me enseñaron a ayudar a los demás y eso sigo haciendo. De hecho, entre una de mis metas y proyectos futuros, es poder abrir una fundación, pero eso amerita mucho más tiempo y experiencia. Sin embargo, para ayudar no necesitas nombre y por eso colaboro en todas las que puedo. Me encanta trabajar con niños, son el futuro de las naciones, por eso hay que dedicarles tiempo y cariño.

¿Por qué decidiste involucrarte en Big Brother Panamá y cómo te ha ayudado a mantenerte en tu verdadera pasión?
Siempre estoy abierto a experiencias nuevas, locas, cualquier cosa que me haga sentir que vivo la vida al máximo. Soy una persona que quiere hacer de todo –risas–. Los reality shows siempre me han parecido interesantes, de hecho, quiero participar en The Amazing Race o Survivor, pero Big Brother fue una experiencia similar que salió primero y, obviamente, debía aprovechar. Debíamos irnos del país, “encerrarnos” en una casa ubicada en Argentina… Fue interesante. Aprendí mucho de mí mismo, de los demás… Para mí fue un viaje de autoconocimiento, de introspección. Considero que en cada experiencia de vida ganas algo y esta no fue la excepción. Big Brother fue un paso para otros y nuevos proyectos, ya que le echo ganas a todo. “Vamos” es una de mis palabras favoritas, para cualquier propuesta que salga.