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Luis Villa, el placer de salvar vidas

Luis Villa, el placer de salvar vidas

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Luis Villa, el placer de salvar vidas

Perfiles

30 noviembre, 2015
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FERNÁNDEZ, Adriana

Para Luis Villa estudiar medicina fue la decisión más certera que ha tomado en su vida. Este exitoso profesional que está por cumplir 70 años de vida y 35 de servicio nació en Central Preston, provincia de oriente de Cuba, el 29 de diciembre de 1945. Debido a la crisis política de su país sus padres decidieron emigrar a Estados Unidos cuando tenía 14 años. “Querían darme una vida con educación y con un futuro promisorio lo cual no existía en Cuba en ese entonces, ni existe hoy”.

Aquel sueño de niño de ser astronauta cambió con los años y Villa decidió estudiar química en la Universidad de Miami. En ese tiempo descubrió un profundo interés por la medicina. “Los estudios de química y genética y su aplicación a la medicina me resultaron muy interesantes; el progreso que se hizo en bioquímica en los años sesenta me cambió completamente la dirección, por eso me hice especialista en las ramas de oncología y hematología”. Finalmente egresó de medicina en la Universidad de Harvard, en Boston.

Desde entonces ha ayudado a salvar las vidas de cientos de personas. Su nombre es uno de los más reconocidos en el área de la salud en la ciudad de Miami. Más allá de su experiencia, cree que su éxito radica en la pasión por su labor. “Esta profesión llena mi vida de felicidad, cada día vengo a trabajar con ganas de ayudar y de aprender. La base del éxito es estar feliz con lo que haces”.

Esa vocación le ha llevado a ser durante casi tres décadas presidente de la Liga Anticancerosa de Miami, a la que se unió como voluntario cuando tenía un año de ejercicio. Ahí cumple una tarea altruista que ha beneficiado a unos 35 mil pacientes. Y, aunque el número es grande, Villa asegura que no pierde la sensibilidad ante lo devastador que suele ser el cáncer. “Cada caso es diferente y te llega al alma, particularmente los jóvenes. A medida que se gana experiencia y edad nos damos cuenta de la fragilidad de la vida”.

Su nombre saltó a la palestra pública cuando en 2012 pronosticó atinadamente el estado del cáncer que padecía el presidente de Venezuela Hugo Chávez, quien murió un año después. “Mi nombre se dio a conocer pero no era lo que buscaba, en ese momento había necesidad de clarificar lo que pasaba con Chávez. Con conocimiento se puede tener un pronóstico razonable en estos casos”.

Para él, dar una mejor calidad de vida a sus pacientes es su mayor logro. “La relación con ellos debe ser especial, es parte del arte de la medicina más allá de la ciencia”. En lo personal, deja los problemas fuera de casa, “de otra forma abrumarías tu vida privada, eso es algo que ningún médico debe permitir”.

Ahí está la clave de tener un sólido matrimonio de 25 años y cuatro hijos con los que comparte su tiempo libre. “Me encanta viajar, un buen vino y jugar al golf. Sueño con bajar mi hándicap a menos de 10, algo que no es muy realista”, dice entre risas este servidor de la salud que quiere ser recordado como alguien que se ocupó de ayudar al prójimo.