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El Malquerido: más que amor, frenesí

El Malquerido: más que amor, frenesí

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El Malquerido: más que amor, frenesí

Cine

Justo una semana antes de que la película llegue a los cines comerciales del país, el viernes 11 de diciembre se proyectó por primera vez “El Malquerido” en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, en un evento privado que contó con la asistencia del director Diego Rísquez y los actores Greisy Mena, Sheila Monterola, Paola Marquina, Natalia Román, Sócrates Serrano y Carlos Cruz.

17 diciembre, 2015
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VILORIA, Ana

Corta pero intensa. Así fue la vida de “El bolerista de América”, Felipe Pirela, a quien decidieron dar un homenaje en el séptimo arte después de 43 años de su prematura y violenta muerte.

En la sala de artes escénicas del centro cultural –que dicha noche además estrenaba los equipos de sistema de cine digital como parte de su compromiso con la industria cinematográfica del país– se evidenciaban dos atmósferas. Una parte del público esperaba conocer la enigmática vida de Pirela, mientras que otra quería recordar por qué si sus padres, abuelos (o incluso ellos mismos) se enamoraron con sus letras apuñaladas de pasión, su voz e historia se apagó como un acuerdo consensuado de la memoria del colectivo. Más en la tierra que lo vio nacer y crecer en el barrio El Empedrao.

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VILORIA, Ana

Ese limbo de desconocimiento, precisamente, fue uno de los motivos para que Rísquez asumiera la dirección de este largometraje de ficción que recopiló los momentos más relevantes de la historia de Pirela en vida. Más al ser la identidad del país la musa de este director que ha plasmado su sello en películas como Manuela Sáenz (2000), Francisco de Miranda (2006) y Reverón (2011), solo por mencionar las últimas.

Inspirado en la reseña biográfica “Felipe Pirela, su vida”, escrita por el periodista Eduardo Fernández, la cinta muestra diversas etapas del cantante. Desde su zuliana infancia vendiendo patacones e intentando ser una prominencia en el béisbol como su amigo Luis Aparicio, cómo dio a conocer su voz en importantes emisoras de radio, su llegada y salida de la Billo’s Caracas Boys, así como su desarrollo en el quehacer del espectáculo; y, por supuesto, el torrentoso amor con la apenas adolescente Mariela Montiel, el cual –sin mucho afán se nota– quieren indicar que fue el desencadenante de todas “las tragedias” de Pirela.

Desafiando las consecuencias de vivir en una sociedad que descuidó gran parte del patrimonio histórico de su ciudad, la elección de locaciones, escenografías, vestuarios, estilismos y utilería es un punto resaltante de la película, en el que se puede apreciar la estética de dichos años con estructuras como el Hotel Humbolt, el Círculo Militar o el Club Táchira, pero que se deja lesionar por detalles como escenas en una Basílica de la Chinita remodelada y moderna, así como un aeropuerto de Grano de Oro con aviones en 3D.

Otra característica aplaudible es el homenaje al género musical en sí y al legado artístico del bolerista. En el debut cinematográfico de Jesús Miranda (Integrante del reconocido dúo Chino y Nacho y encargado de dar vida a Felipe Pirela en el filme), el público puede deleitarse con la voz del intérprete urbano en una faceta distinta a la que acostumbra en su mercado y que bien se ganó su puesto como uno de los mayores atractivos de la película; como quedó claro en la proyección privada, que tan pronto el ahora actor empezaba a entonar melodías legendarias como la de “Frenesí”, los asistentes acompañaban la letra.

Sin embargo, estas características se ven opacadas con debilidades como que al tener un elenco principal integrado en su mayoría por artistas no zulianos, exceptuando al niño Felipe Pirela (encarnado por Dylan Pérez), está presente el tan exagerado canta’o maracucho –en especial digustante para el oído regionalista–, el cual aunque en lo absoluto sea la intención, parece más una parodia que un esfuerzo en sonar idéntico. Lo que lleva a preguntarse que, si tan importante era enaltecer la región, por qué no se opta por un elenco propio de la localidad; o simplemente, para ser más justos, que aunque sea inspirada en el suelo zuliano erradicar esa costumbre de imitar sin éxito la jerga marabina.

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VILORIA, Ana

Otro asunto es la trama que, con ganas de resumir toda la vida de Pirela, poco se enfocó en su personalidad o aura y pierde un poco la esencia del personaje principal, sus relaciones con los demás del elenco y hasta la intensidad de su amorío con la niña Montiel, cuyo matrimonio parecía ser el eje de la película pero su representación quedó en el aire, tal como se muestra a la esposa del bolerista en la película: una infante malcriada a la que poco se le presta atención hasta que sus consecuencias son irremediables.

Caso completamente opuesto en la anterior cinta de Rísquez, Reverón, en donde el director junto a Luigi Sciamanna logran un arquetipo del famoso pintor venezolano, así como de su desenfrenada pasión por su compañera, musa y esposa Juanita Ríos.
Por si fuera poco, el último estreno para este 2015 del cine nacional, que contó con la producción de Producciones Guakamaya, el Centro Nacional de Cinematografía, Pedro Mezquita, Xenon Films, Ron Santa Teresa y la Gobernación del Estado Zulia, deberá compartir cartelera nada más que con Star Wars: The Force Awakens, al ser estrenadas incluso el mismo día.

Haciendo referencia a ello, Rísquez enfatizó antes de la proyección que si bien la película no contaba con todos los efectos y trayectorias del séptimo episodio de la saga, “está iluminada con el Relámpago del Catatumbo”. Ojalá (para el cine nacional) que este fervor regionalista, más el sentimentalismo propio del bolero, sea suficiente para que “El Malquerido” no haga justicia a su nombre al momento que el público decida escoger a qué película entrar. Y que el próximo año para todas las producciones nacionales se sienta motivación de verlas no solo por frenesí.