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Saro Grande, prosperidad sobre ruedas

Saro Grande, prosperidad sobre ruedas

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Saro Grande, prosperidad sobre ruedas

Perfiles

1 mayo, 2009

DONDYK+RIGA

Un joven que viajaba con nada más que sueños de superación y una modesta maleta, llegó en 1972 a Maracaibo procedente de su natal Italia, donde trabajaba cortando cabello y atendiendo un pequeño local de juegos de azar y mesas de billar. Buscando oportunidades y una vida mejor, incursionó en el negocio de su suegro, vendiendo cauchos usados y renovados en el centro de la ciudad. A base de esfuerzo y constancia, el joven creció tanto como sus ventas hasta crear un próspero negocio, primero llamado Casa Grande y luego rebautizado como La Líder, con más de treinta y cinco años en el mercado, distribuyendo reconocidas marcas como Bridgestone, Firestone y Pirelli. Escuchando desde su infancia esta historia sobre los inicios de su padre, Rosario Grande, creció admirando su legado y ansiando formar parte de él. Es por eso que Saro, como lo llaman sus más allegados, a sus quince años y recién graduado del colegio Rosmini no dudó en trabajar en el negocio familiar de día, y estudiar en la universidad Administración de Empresa durante las noches: “Aprendí viendo a los caucheros trabajar. De niño venía al negocio en las tardes a jugar, era como mi parque de diversiones. Me imaginaba trabajando con mi papá y desde esa edad sabía el trabajo de un cauchero, desde manejar la máquina hasta agarrar una llave de cruz”. A los dieciocho años, Saro ya manejaba los negocios de su familia, siempre con la asesoría de su papá: “Nos expandimos hacia la venta de repuestos con un amplio galpón, que se incendió hace ocho años en un siniestro. Lo perdimos todo y tuvimos que comenzar de nuevo, pero gracias a que mi papá me enseñó a trabajar, seguimos adelante y nos recuperamos. Los fabricantes, al ver la trayectoria de mi papá como un excelente vendedor que nunca tuvo retrasos en sus pagos, nos dieron un voto de confianza y facilidades de pago. Los años de esfuerzos sin duda rindieron frutos en ese momento”. El ímpetu de su juventud y su visión de negocios se hizo sentir cuando Saro innovó Maracaibo vendiendo elegantes rines para autos y el servicio de transformaciones de medidas: “Le propuse la idea a mi papá, quien por fortuna acepta las propuestas siempre que le convencen. Era un riesgo pero en un negocio el riesgo bien llevado es sinónimo, de frutos. Me siento orgulloso es de mi papá. Él empezó con nada y ver todo lo que logró me motiva a seguir manteniendo en alto su legado. Hace diez años que no utilizamos el nombre de Casa Grande, pero estamos retomándolo para convertirnos en franquicia y unificarnos en honor al trabajo de mi papá”. A.B.