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Vasco Szinetar, un cazador de imágenes y reflejos

Vasco Szinetar, un cazador de imágenes y reflejos

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Vasco Szinetar, un cazador de imágenes y reflejos

Revista

23 febrero, 2016

La vida misma lo convirtió en fotógrafo. Es un curioso intelectual. Lee, observa, escribe y se enamora. Innumerables personas han sido “sus presas”, entre esas jorge luis borges, gabriel garcía márquez, fidel castro y umberto eco. Para él cada momento tiene su estrategia y es así como construyó su propia historia fotográfica frente al espejo.

Vasco-Szinetar

LEON Felix

Tiene un espíritu joven y los modismos comunes de un hombre venezolano, aunque su nombre no suene nada criollo. Vasco Szinetar es de ascendencia rumana. Este retratista nació en Caracas en 1948. Desde los 13 años es un fiel apasionado de la fotografía, arte que ve como un escape de la muerte. Su obra más reconocida es la serie Frente al espejo, un trabajo obsesivo que se desarrolla en 40 años alrededor del mundo.

¿Se considera un fotógrafo conceptual o intuitivo?

Creo que uno, inicialmente, comienza intuitivamente a investigar sobre la imagen. Poco a poco va descubriendo el oficio fotográfico hasta que hay un momento en el que se toman las ideas, los conceptos y tu trabajo comienza a ser mucho más razonable.

¿Es la fotografía un espejo?

La fotografía refleja el mundo, a los seres humanos y de alguna manera importante al fotógrafo, quien está cotidianamente investigando en su trabajo. La forma cómo ve la realidad, en la que ve a los seres humanos. Podemos decir que la fotografía es un espejo de la realidad y de los sueños.

Para usted qué es más y qué es menos: ¿el ojo, el equipo o la técnica?

La fotografía es ojo, concepto, pensamiento, cultura, una forma de tratar de reconstruir a través de la imagen la vida y escapar a la muerte.

Entre la cámara analógica y la digital, ¿cuál prefiere y por qué?

Pienso que es importante ir con el tiempo, con la tecnología y con los momentos que uno va viviendo. Estamos viviendo la época digital y el contexto, la vida, está también marcada por esa impronta. Un fotógrafo que además es artista, que tiene sus búsquedas personales y es un profesional, no puede trabajar sino con digital, eso es sine qua non. La gente puede trabajar analógicamente para investigaciones muy precisas, pero ya esas son opciones personales.

¿Qué rescataría de la analógica?

Todo instrumento fotográfico tiene sus virtudes. La fotografía analógica es maravillosa. Si yo tuviese la oportunidad de trabajar en algún momento con fotografía analógica, lo haría sin ningún problema. Más de la mitad de mi trabajo es hecho en analógico.

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SZINETAR Vasco

Si tuviera que fotografiar a Venezuela… ¿Cómo lo haría?

Lo haría con la misma intensidad, con el mismo amor, con el mismo profesionalismo que he hecho mi trabajo. Obviamente con toda la experiencia que tengo me encantaría abordar otros temas o volver a otros temas con otras miradas.

¿Cuántas historias ha cazado con su lente?

Innumerables historias. Uno con el oficio tiene también una forma de comunicación, de relación. A través de mi trabajo he tenido la suerte de encontrarme con seres humanos maravillosos, con artistas, políticos, gente común y eso es realmente único. Cada persona es una historia, es un momento de vida y cada ser humano te deja algo.

A los 13 años hacía fotografía, pero ¿fue a esa edad que empezó o antes?

A los 13-14 años empecé a hacer fotografía. Me regalaron una cámara y tenía la ilusión de tener un juguete asombroso.

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SZINETAR Vasco

¿Por qué desde niño ha tenido la vocación de retratarse a usted mismo?

Eso tendría que preguntárselo a una psicoanalista (risas). Uno va trabajando y va produciendo, el tema es que en la medida en que uno desdiga lo que hace, se detiene en lo que hace, va descubriendo las claves de su búsqueda. En un momento dado yo descubrí, por unas fotos que hice, que estaba ante la posibilidad de estructurar un trabajo frente al espejo. Como yo hacía retratos de escritores, ya había iniciado mi proyecto de rescatarlos, entonces dije: “Bueno vamos a incorporar a este proyecto a los escritores”, pero en realidad también siempre he estado muy contento con mi aspecto y con mi look, y además eso me permite tener una mirada sobre el tiempo.

¿Llegó a crear vínculos con los fotografiados frente al espejo?

Tengo varios amigos que he retratado frente al espejo, pero como viajo mucho, retrato mucha gente; son encuentros intensos, emocionantes, enriquecedores, pero muy rápidos. Después está el mundo de mis amigos, pero yo no escojo a los amigos pensando si son actores, escritores. Es de acuerdo a la empatía.

Vivió un tiempo exiliado en Bogotá. ¿Qué le regaló esta ciudad para fotografiar y qué fotografía le regaló usted?

Viví dos años exiliado en Bogotá, pero ya yo venía retratando a los colombianos desde 1979, cuando estuve por primera vez en Colombia, —en ese momento era delegado cultural de Venezuela en Colombia—, y a partir de allí comencé un trabajo de los grandes artistas colombianos. Cuando me toca salir, me encuentro con un país que ya conozco, donde tengo grandes amigos. Tuve la suerte de estar ese tiempo allá y no perderlo, y fue cuando hice el trabajo al que titulé Cuerpo de exilio.

En la fotografía se busca capturar el alma, el espíritu y la esencia del hombre y de las cosas. ¿Es eso lo que usted también hace?

Lo que yo hago está en la fotografía. Lo demás es lo que hay allí. Es decir, si esa fotografía logra comunicarse con el espectador, establecer un vínculo con el otro, con el que la mira, ese personaje que está ahí tiene la fuerza, la impronta de expresarse, eso estará ahí, independientemente de que yo quiera o no quiera. Lo que hago es construir un espacio para que el alma del otro se exprese.

¿Solo retratos o algo más?

No, yo tengo un cuerpo de trabajo muy importante que se soporta sobre una investigación de lo íntimo, de los espacios públicos o privados. He venido trabajando paralelo a los retratos. Mi universo es muy amplio.

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SZINETAR Vasco

¿Con cual fotógrafo profesional, reconocido a nivel mundial, se compararía? ¿Por qué?

No me comparo con nadie, le tengo envidia a todos (risas). Quisiera aprender de todos ellos. Si tuviera menos años, me encantaría estar con ellos y tomar cursos.

¿Cómo logró fotografiar a figuras como Fidel Castro, a la pareja de artistas británicos Gilbert & George, a Benet Rossell, a Gabriel García Márquez, a Allen Ginsberg, a John Ashbery, a Geraldine Chaplin, a Juan Goytisolo, a Umberto Eco, a Emil Cioran y, sobre todo, a Jorge Luis Borges, quien solía decir que los espejos son abominables?

Con obsesión, aspecto, estrategia, seducción, amor, movimiento. Es un conjunto de elementos que permiten entrar en comunicación con seres humanos a quienes todavía no conoces. Es como cazar un tigre, tienes que tener una escopeta, llenarte de valor, conocer y preparar el terreno. Si yo voy a retratar a García Márquez tengo que saber quién es y conocerlo a fondo para poder abordarlo seguro de mí mismo, para que haga lo que yo quiera. Con Borges fue una suerte maravillosa, fue un convenio con Dios, en el sentido que uno hace su trabajo y él lo ayuda (risas). A través de María Kodama, a quien ya había retratado, llegué a Borges.

¿Qué pasó con Woody Allen y Meryl Streep que estaban pendientes entre sus personajes a fotografiar?

Tengo una enorme cantidad de personajes que me gustaría retratar, pero sé que llegará el momento. Cada momento tiene sus estrategias.

Soñaba con ser cineasta y la fotografía lo enamoró…

Yo creía que iba a ser cineasta, pero al final me di cuenta de que por mi naturaleza lo que más se ajustaba a mi sensibilidad era la fotografía, y le doy gracias a Dios que conseguí el camino de la fotografía. Este mundo me ha permitido tener una vida muy intensa, muy rica, muy amorosa.

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SZINETAR Vasco

¿Cree haber sido precursor de alguna forma de los “selfies”?

El selfie es otra cosa diferente, son fotografías de recuerdo. Yo no hago este tipo de fotografías, yo hago un trabajo que tiene que ver con el autorretrato, con una investigación sobre mi propio rostro. Colocar a una persona ahí es una coartada para poder ir explorando sobre la cartografía de mi rostro. Los selfies son fotografías de desecho que no responden a un proyecto de trabajo, es una moda, y me parece extraordinario que la gente la desarrolle.

¿Siente miedo de hacer arte en Venezuela luego de su fugaz exilio en los años de Chávez?

Tengo temor de que me roben, de la violencia que hay en este país, miedo a que haya una hambruna, pero de hacer arte no. Yo creo que en las circunstancias más difíciles el hombre está en la capacidad de hacer lo que ama, lo que lo hace vivir. Y además tiene un escenario maravilloso para expresarse.

Alguna vez dijo que sus fotos son una construcción del cuerpo del discurso de poemas y fragmentos. ¿Cuál en particular siempre recuerda al tomar fotografías?

Trabajo en varios escenarios. Escribo, investigo poéticamente, lo hago a diario, lo hago con retratos, actualmente trabajo en un proyecto que tiene que ver con la familia desde el punto de vista de la imagen, estoy terminando un libro que se llama Cheek-Cheek (Cachete con cachete) y trabajo en la Fundación Archivo de Fotografía Urbana donde soy curador y tuve la suerte de curar un libro con Lorena González sobre Tito Caula que se publicó en España. Para mí, el problema es la expresión y para eso utilizo los recursos que tengo a mi alcance: la palabra, la imagen y la voz.

 

Una foto publicada por Vasco Szinetar .Fotografo (@vasco_szinetar) el