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El reinado de los Manuel Gerardo Sánchez

El reinado de los Manuel Gerardo Sánchez

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El reinado de los Manuel Gerardo Sánchez

Entrevistas

Más que creer en el hombre dual de Gérard de Nerval, Manuel Gerardo Sánchez cree que todos podemos ser varios en uno solo. Eso sí, sin confundir esto con el todero, “esa gente que es albañil, arquitecto, escritor, toca música y para colmo te lava al perro” que tanto repudia. “El poeta a la poesía y el periodista al periodismo”. De allí que la mejor forma de describirlo sea separando las distintas facetas manifiestas que hoy forman parte de su propia monarquía. Que dan vida al reinado de los Manuel Gerardo.

29 junio, 2015
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VILLAHERMOSA, Mauricio

El Manuel Gerardo profesional es licenciado en Historia de la Universidad Central de Venezuela, graduado con honores de Magna Cum Laude. Se ha dedicado los últimos ocho años al periodismo, ha publicado crónicas, entrevistas y reportajes en distintos medios del país y actualmente es editor de la revista Clímax; pero si el destino hubiese sido otro, no duda que estaría con un machete en sus manos montado en un árbol o escarbando la tierra. Él sería jardinero porque tallo que agarra, lo siembra y da.

Pero fue éste el presente que elucubró y se estrenó como el Manuel Gerardo escritor con El último día de mi reinado, un libro de relatos que surge de su tesis de grado como historiador, la cual trabajó en tres categorías: banalidad, frivolidad y perifollo. En 80 páginas se reúnen personajes en situaciones ordinarias que, desde una perspectiva fantástica, son precursores o víctimas de lo que consideran justo; como una diosa María Lionza pagana que quiere ser rociada con champagne o un apasionado por los zapatos que compara el sufrimiento de regalar un par como el de Madame Bovary por su campesina vida.

Los 11 cuentos que integran el libro, publicado en 2013 en Estados Unidos por Sudaquia Group y un año después en Venezuela por Editorial Ígneo, no solo están concatenados con el tema de la banalidad, sino que poseen dicho argumento como espíritu. “Yo me considero una persona banal, ¿y tú?” pregunta risueño; y es que si se parte de la definición de Georges Duby, a la banalidad hay que verla como una cotidianidad incluso necesaria para afrontar las amarguras del día a día, de las que, a diferencia de sus personajes, no puede ser insensible al ser todavía un Manuel Gerardo ciudadano.

—¿La frivolidad es necesaria con la situación actual del país?
—Absolutamente. La frivolidad tiene que ser vista como un asidero para escapar de aquello que te atribula. Una cosa es ser frívolo y otra es ser banal. La banalidad solo responde a lo ordinario, entendiéndose como algo que haces todos los días. Vestirse, bañarse, perfumarse o comer son actos banales porque los repites todos los días. Si nos vamos a un plano más frívolo, esta puede llegar a ser repudiable cuando un problema lo abordas con frivolidad. Pero sí creo que uno tiene que ser banal para salvarse en estos momentos, agarrarse de esos pequeños milagros cotidianos. Por ejemplo, conseguir una tienda fantástica, el disco que querías, el libro que necesitabas leer, la canción que te hizo recordar algo de tu infancia, la comida que no solo satisfizo tu hambre sino tu deseo, allí ocurre un milagro. Y en ese breve intersticio te olvidas de aquello que te hizo daño.

—Socialmente, ¿cuál diría que es el mal que más corroe a Venezuela?
—La lenidad y por consiguiente la no aplicación de justicia. El que quede impune cualquier cosa que vaya en contra de la ley y que además atente contra otros, no solo tiene que ser sancionado, sino que la sociedad también debe tener conciencia de eso. El otro mal que se desglosa de la lenidad es la no institucionalidad. Es necesario conformar instituciones que procuren las herramientas informativas para que la población esté consciente de a cuál de esas acudir de acuerdo a sus competencias. Aquél que sabe que cometió un delito fiscal sabrá a qué institución tiene que responderle, porque nosotros tenemos que responderle a las instituciones. Lamentablemente estamos en un momento en que las instituciones parecen hacer mofas y chanzas al rendir cuentas, pero históricamente siempre el pueblo pasa factura. Tarde o temprano, este saldo social será cobrado.

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DONDYK+RIGA

El Manuel Gerardo historiador considera que los venezolanos no saben qué es en verdad la “venezolanidad”, más aún si, como dice, desde tiempos coloniales ha tenido la mala maña de querer ser cualquier otra cosa que no ser venezolano. “Para tener identidad tenemos que darnos la oportunidad de escucharnos, de leernos, de ver qué escribes y qué pintas, porque en momentos de crisis siempre la creatividad hace efervescencia”.

Por eso apoya el concebir una búsqueda de las cosas culturales construidas por el hombre. “El otro día alguien me dijo en Caracas que ama la ciudad por el Ávila, pero eso es justamente lo anticultural porque es algo que no hizo el hombre. Encontrarnos con nosotros supone una búsqueda de lo forjado y hecho en casa y por aquello que sentimos orgullo”. Descubrimiento que deberá partir de la educación y de quienes comunican.

—¿Qué papel debería asumir el periodismo y la escritura en la búsqueda de la identidad de país?
—Buscando en la calle las historias. Porque en esas historias es dónde vamos a encontrarnos. En el momento que pensábamos que algo es obvio y que no hace falta contarlo, deja de ser obvio y se convierte en algo invisible. Pero cuando llevas al papel esa historia, sucede un milagro. La vas a poner al alcance de todos. Porque una vez que está al alcance de todos deja de ser tuyo, es del mundo, es de quien lo lee.

A diferencia de Gustavo, uno de los personajes de su libro que aborrece el trabajo y asegura que los humanos son seres egoístas que no desean fraternizar con las causas ajenas, para el Manuel Gerardo editor, quien además desprecia la mezquindad, su trabajo en un medio importante en Caracas le ha dado mucho al tener la oportunidad de exponer la labor de otros. “Eso me ha granjeado de una gran satisfacción porque le ha abierto las puertas a mucha gente que es muy valiosa y hace cosas fantásticas. Un buen editor es el que deja hacer lo que otros saben hacer bien”.

—¿Qué destacaría del periodismo venezolano?
—Nuestra capacidad de resolver todo. El periodista venezolano está preparado casi como un periodista de guerra. Estamos en un país donde las fuentes cada vez son más limitadas, donde nos recriminan por el oficio que oreamos en la calle, donde nos motejan y nos señalan por solamente tener lápiz, papel, grabador y cámara. El venezolano está preparado, y lo digo con responsabilidad, a enfrentarse –siempre y cuando haya compromiso con el periodismo– y sortear cualquier tempestad. Siento que las escuelas de periodismo están pasando por un momento de crisis de poca producción y de poca investigación, pero talento y ganas sí creo que hay.

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VILLAHERMOSA, Mauricio

Como buen honor a su libro, también existe el Manuel Gerardo banal, el que detesta el drama y la discriminación “de aquellos que todavía piensan que por ser negro, gay, brujo o santero no se es gente”, casi tanto como a @SaschaFitness por inyectar en las cabezas la modalidad del fitness. “Yo quiero que eso sea derruido de la cabeza del venezolano”, aunque acepta que todos los que lo conocen saben que cuida con celo su dieta gracias a las prohibiciones alimenticias a las que lo acostumbró su madre. Asegura que lee un libro por semana y que en sus lujos no existe el exceso, solo el hablar con un lenguaje engolado y comprar arte mientras pueda.

Pese a que todos los Manuel Gerardo lo integran de igual forma, hay uno que ahora predomina y es el escritor. O el Manuel Gerardo inquieto, como preferiría llamarse, ya que aún no se considera escritor. Su “búsqueda que apunta hacia la narrativa” la inició con El último día de mi reinado.

—Si supiera que mañana es el último día de su reinado, ¿qué haría?
—Seguir escribiendo.

Que así sea.

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