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Laura Restrepo, una cronista de ficciones

Laura Restrepo, una cronista de ficciones

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Laura Restrepo, una cronista de ficciones

Perfiles

1 Julio, 2013

CAMACHO,Álvaro

Quien escuche hablar a Laura Restrepo y no sepa nada de ella, no se alcanzaría a imaginar que tiene un pasado íntimamente ligado a la historia bélica colombiana, ni que tuvo que vivir en el exilio por amenazas de muerte, ni que su corriente ideológica de izquierda la mantienen convencida de que esa es la que puede darnos el “timonazo fuerte hacia una cultura fuerte de solidaridad, y no esta pelea por el lucro y por la competencia y el desconocimiento los unos de los otros”. Es licenciada en Filosofía y Letras en teoría y escritora en la práctica; es madre, lectora empedernida y le ha dado tiempo de explorar todo lo que ha querido porque prefiere vivir sin esa obligación de saber que se les adjudica a los escritores, y prefiere rescatar del periodismo el ejercicio de pregunta – respuesta. ¿Qué podía esperarse viniendo de una familia lectora, donde su padre insistía en la importancia de la literatura en el crecimiento personal? Para “Lalí”, como le dicen sus familiares y amigos más cercanos, la lección caló hondo y hoy por hoy la lleva a huirle a un retiro de la escritura por el poco el tiempo que calcula que le queda: “Ando contra reloj porque yo quiero escribir una serie de historias que tengo en la cabeza y que no quisiera que se quedaran ahí”.

Así, escribe lo que quiere leer porque es una manera de tener consideración con el lector, que en su caso personal, busca una trama fuerte, “por un lado de amor y por el otro de aventuras”, una combinación difícil, sobre todo cuando las historias de sus personajes se unen y se bifurcan a lo largo de la trama, casi como una alegoría de su vida personal, en la que además es madre de Pedro, un joven que sigue sus pasos en la escritura y que nació mientras residía y militaba en el Partido Socialista de Trabajadores, en Argentina. Aunque se rehúsa a leer lo que ha escrito una vez sale publicado -básicamente porque lo cambiaría todo-, su narrativa hace de sus historias pequeñas cajas de Pandora en las que cada personaje se desenvuelve en su propia trama sin dejar de lado su entorno, ese que Laura se ha acomedido a construir durante los cuatro años que le toma ponerle punto final a un libro, ese mismo que acostumbra a espantar luego de que lo ve impreso con sesiones de limpieza: “Además de dormir un poco más, entro a mi estudio, desocupo mi escritorio, limpio las montañas de papeles que han quedado encima, las pilas de libros que he ido sacando para armar al novela vuelven a su lugar, rompo papeles, vuelvo a sacarle punta a los lápices. Es como volver a empezar”. Y empieza otra vez, con las mangas recogidas, a buscar historias que bien pudieran ser ficción en medio de la realidad, como una escritora a la que, más allá de importarle, le gusta ensuciarse las manos. M.G.V.