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Elba Escobar, el encanto de una hacedora

Elba Escobar, el encanto de una hacedora

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Elba Escobar, el encanto de una hacedora

Perfiles

1 octubre, 2013

CAMACHO, Álvaro

La conocemos por haber sido el rostro de innumerables personajes en el cine, la televisión y el teatro. Fue el objeto del deseo de muchos y todavía hoy sigue despertando admiración por su calidad humana, que le permite regalarte una sonrisa sin la necesidad de una excusa que la preceda. Antes del nombre reconocido por todos, de la carrera llena de aplausos y su participación en una lista larga de películas nacionales en los ochenta y los noventa, Elba Escobar era una estudiante de Física y Matemática, que tomaba clases de teatro como materia electiva y creía posible hacer del país en el que vivía, un lugar mejor, por lo que se integró al las planchas del Movimiento al Socialismo (MAS).

Todavía enfocada en su meta de convertirse en profesora, se involucró en un grupo de títeres que le enseñó otra manera de expresarse más allá de la verbal. Sin embargo, la decisión de dejar la ciencia a un lado y dedicarse a la actuación de lleno no causó emoción en su casa. “Mi mamá siempre fue mi cómplice en ese sentido porque ella quiso ser artista en su momento, pero mi papá sí se molestó mucho, incluso me retiró la palabra por un buen rato”. La situación empeoró cuando el productor de la primera obra de teatro en la que trabajó puso el apellido materno primero, lo que ameritó una intervención personal: una sentimental carta escrita a su padre limó asperezas y convirtió el asunto en tema de burla con sus amigos.

Dentro del círculo profesional, no hay nada para Elba que no sean elogios. Mimí Lazo en una oportunidad declaró que de ser lesbiana, se casaría con ella. Leonardo Padrón la describió como “una sonrisa en estado de gracia”. El público le alaba cada interpretación que entrega sin miedo, despojándose de todo lo que siente para darle paso al personaje de ficción. Aunque ahora está en la posición de elegir con más cuidado los proyectos que toma, no todo fue tan fácil siempre: en una oportunidad, al no conseguir trabajo como actriz, montó un show de boleros junto a su primo y un par de músicos más, con los que se fue a recorrer Venezuela como cantante.

Pero la Elba íntima, la que no se hace vida frente a las cámaras ni sobre un escenario, es una mujer centrada y plena, a la que la sonrisa la delata, sin que sea necesario verla. Su papel como madre ha superado cualquier sueño infantil de formar una familia, y la educación que le ha dado a su hijo Simón es su mayor orgullo. Mientras se reparte entre el teatro, la escritura y la lectura, sigue creando un universo propio donde la verdadera manera de comunicarse es a través del arte. M. G. V.

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