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Margarita Arribas, cotidianidad literaria

Margarita Arribas, cotidianidad literaria

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Margarita Arribas, cotidianidad literaria

Perfiles

1 diciembre, 2011

DONDYK+RIGA

Margarita Arribas no se considera a sí misma escritora, sino “alguien que vive entre la escritura, de la escritura y por la escritura”. Habiendo crecido en una familia de ávidos lectores, su infancia y adolescencia transcurrieron con constantes visitas a la biblioteca familiar, empezando con cuentos y cómics cuando niña para luego sumergirse de lleno en la literatura a través del teatro, a pesar de no ser este muy consonante con su corta edad. Estudió periodismo impreso en la Universidad del Zulia, luego que una breve experiencia en el laboratorio vivencial de la escuela de letras le indicara que lo suyo no era analizar lo que escribía sino más bien escribir de lleno. No conforme con esto, tras terminar su pregrado realizó una maestría en lingüística, buscando adentrarse aún más en lo escrito y adquiriendo entonces una “visión especial acerca de los fenómenos de la lengua”. Ella disfruta profundamente de observar el entorno y escuchar las maneras de hablar de la gente, algo que le llevó a crear un blog de nombre Escenas Baratonas, compuesto por toda clase de historias cortas respecto a lo común y corriente que ocurre a su alrededor ya que: “el ejercicio profesional en la clase es muy normativo, tiendes a pensar que se escribe y habla de cierta manera, en cambio en la calle la voz es libre, la gente habla disparates y me encanta oírlos”. Este empezó y sigue siendo un sitio de apuntes personales, creado simplemente por la necesidad de escribir y sin intención alguna de compartirlo, a pesar de que en sus dos años de existencia haya conseguido una serie de fieles visitantes, ansiosos por ver plasmados en él divertidas escenas tan típicas de Maracaibo. Para Margarita, la vida diaria transcurre felizmente en salones de clase de la escuela de comunicación social de LUZ, donde enseña talleres de redacción a futuros periodistas desde hace más de veinte años, teniendo como mayor satisfacción el ver que sus ex-alumnos consigan sobresalir en sus profesiones, a pesar que no lo atribuya únicamente a sus enseñanzas. “Es difícil pensar que uno enseña a escribir a alguien; lo que yo aspiro es un respeto a la lengua, que el estudiante la entienda como instrumento de trabajo o incluso como artefacto hermoso”. Estando pronta a la jubilación y en un momento que describe de incertidumbre personal, afirma que no cuenta con ningún tipo de metas o planes, sólo la intención de continuar haciendo lo que ha estado haciendo siempre, manteniendo su relación con aquello que tanto le apasiona: la escritura. M.P.

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