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Marcel Rasquin, el detrás de cámara de un país

Marcel Rasquin, el detrás de cámara de un país

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Marcel Rasquin, el detrás de cámara de un país

Perfiles

1 julio, 2010

QUINTERO,Ricardo

Crudo, directo al grano pero con cierta sensibilidad. Quentin Tarantino, Fernando Meirelles, Spike Jonze y Clint Eastwood son sus héroes y su película más reciente, Hermano es una muestra de tal admiración. Marcel Rasquin es un joven director audiovisual de cine y publicidad con la irreverencia como norte. A la tempranísima edad de dos años se enamoró del séptimo arte y no ha habido forma ni obstáculo que lo desligaran de su encanto: “Mi papá trajo a la casa La Guerra de las Galaxias y quedé atrapado por aquella película en sólo minutos. Las emociones de terror y emoción al ver a Darth Vader entrar hizo que me abrazara a la pierna de mi papá, pero no podía quitar los ojos de la pantalla”. Aunque salió seleccionado para estudiar Medicina y seguir los pasos de su familia, decidió presentar el examen para la escuela de Comunicación Social de la Ucab, lo más cercano al cine que había para la década de los noventa en el país. Una vez aceptado, cursó la carrera y se especializó en Cine y Televisión en Melbourne, Australia. De regreso a su Caracas natal, se encontró con la verdadera prueba para su vocación: producir en Venezuela. “Trabajar en el país no es fácil, pero lo más bonito y valioso de ello es tener la posibilidad de contar una historia y fundamentalmente si es venezolana, pues mucho mejor. Ayuda a conectarnos con nuestra idiosincrasia”. De la filosofía de creer en el país nació la idea para Hermano, el largometraje con el que exhibe su talento en las salas de cine nacionales: “Escribí la trama con la premisa de la Flor de Loto, esa flor tan hermosa que crece en los pantanos pero que es codiciada por todos, así es Venezuela. Aunque puede llegar a ser caótica, la amas de igual manera, te relacionas y vives feliz con ella. Él primer día de filmación era la definición de un proyecto que tenía cuatro años planificando. Así que ese día le regalé a cada miembro del equipo una flor y con ello quería significar que les regalaba una experiencia, una película, que la hicieran suya, que la gozáramos y la sufriéramos juntos. Ese día todo el crew filmó con su flor, se la colgaron del cabello, del manual de producción, donde querían, y así logramos sacarla adelante”. Quienes lo conocen, lo describen de “sangre liviana” y “ritualista”;  saben que su éxito se debe a la fórmula de mitad talento y mitad osadía. “Para quienes me consideran un embajador: Tienen razón, lo soy y espero serlo. Los trabajos que trascienden nos convierten a todos en embajadores de un país y se deben hacer desde todas las trincheras”. A.B.

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