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Yoraida de Villalobos, navegante de los pueblos de agua

Yoraida de Villalobos, navegante de los pueblos de agua

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Yoraida de Villalobos, navegante de los pueblos de agua

Perfiles

1 Marzo, 2008

DONDYK+RIGA

Sólo una nativa de los pueblos de agua puede valorar y sentir la obligación de cuidar al espléndido paisaje que manglares y palafitos le regalan a diario. Escondido en Santa Rosa de Agua está el fruto de esa conciencia por el bienestar de las comunidades. Yoraida de Villalobos es ahora su directora pero hace treinta años era apenas una niña que en vísperas de su adolescencia veía crecer a paso lento un sueño ansiado por los paraujanos: el Centro de Educación Popular: “La comunidad me seleccionó como la directora y creo que es porque soy parte de su historia y de la vida de este centro. Fui creciendo con el proyecto y conozco esto como la palma de mi mano”. Fue durante este recorrido por convertir las ideas en concreto cuando Yoraida conoció a su compañero de vida y de lucha por el bienestar para su entorno: Giovanni Villalobos, director de la Alcaldía Maracaibo.

Con él no solo comparte el día a día, sino también su pasión por su profesión, la sociología: “Él llegó aquí cuando tenía dieciocho años siendo estudiante. Vino en un grupo que estudiaba a los pueblos de agua y que se enamoró de este espacio que ecológicamente es hermoso. Ellos nos ayudaron a fundar este  proyecto”. Yoraida cuenta cómo lo que hoy es un parque recreativo, una biblioteca, un generoso comedor, un centro de computación y varios espacios deportivos fueron poco a poco construidos por la voluntad y los granitos de arena de cada vecino y de las autoridades: “Al principio las reuniones las hacíamos en una casa y cada persona de la comunidad ponía algo. Sabíamos que si la gente se organizaba era capaz de cambiar su estilo de vida. También otras personas, como Lía Bermúdez, creyeron en nosotros regalándonos unos cuantos bloques y cemento para construir”.

A sus cuarenta y cuatro años, Yoraida siente al trabajo comunitario como parte de su vida y así ha sido desde sus tiempos de presidenta de la Fundación de Ancianos del Zulia. Los niños que asisten al centro la llaman “tía” y no es para menos. Para ella la institución es más que una obligación; es su hogar y su segunda familia. Sólo una persona con la convicción de que trabajar por la comunidad rinde frutos puede hacer de su trabajo una proyecto de vida. A.B.