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Tito Balza Santaella, caballero andante de la palabra

Tito Balza Santaella, caballero andante de la palabra

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Tito Balza Santaella, caballero andante de la palabra

Perfiles

1 octubre, 2008

DONDYK+RIGA

El filósofo Jean Piaget dijo en una ocasión que si quieres llegar alto debes trazarte un modelo a seguir y decir: ‘Quiero ser como ese modelo’, pues por mucho que no lo logres, todos los pasos que des para asemejarte al modelo serán pasos hacia la perfección. Esta es precisamente la filosofía que Tito Balza Santaella ha practicado a lo largo de sus setenta y tres años de vida. Cursando el cuarto grado de primaria conoció a su modelo a imitar: su maestro de Castellano, un hombre elegante en su maneras y con el vocabulario más impecable: “Fui un niño campesino. Nací en el campo, en Zaraza. En la hacienda de mi padre habían pocos libros y uno era de historia de Venezuela. Yo leía y releía en sus páginas sobre Urdaneta, Sucre y Bolívar mandado ejércitos a batallas, y soñaba con ser militar. Pero el día en que conocí a mi profesor de Castellano descubrí que quería ser maestro”. A los diecisiete años Tito Balza Santaella viajó a la capital e ingresó en el Pedagógico de Caracas para especializarse en Castellano, Literatura y Latín. En un ambiente de pocos alumnos y profesores para el recuerdo como Arturo Uslar Pietri y Eduardo Crema, inició su camino hacia la docencia. Recién graduado e inmerso en su activismo político partió a Maracaibo huyendo del régimen de Pérez Jiménez: “En aquella época había tan pocos profesores que uno salía de la universidad con trabajo. Me enviaron a una gran ciudad, Maracaibo, y a un gran liceo, el Baralt. Llegué con la intención de pasar allí sólo unos meses pero me quedé al conocer a mi esposa Fanny, un amor que a primera vista me hizo pedirle matrimonio”. Desde ese día, entre fotos de familia y un desorden en el que él todo consigue, el profesor Tito pasa horas en su taller, resguardando la gramática y la ortografía del español. Tras veintinueve títulos publicados y ganarse la fama de ser un profesor a quien lo serio no le resta lo amable, se encariñó con la ciudad: “Me molesta mucho cuando dicen que no soy zuliano, porque tengo cincuenta y un años de vida aquí y nadie me ha visto en otra cosa que no sea educando y escribiendo para la cultura zuliana. Si un maestro enseña a través de la palabra, debe procurar que esa palabra no se muera, ni se la lleve el viento. El mejor libro es el libro escrito por uno mismo y eso es lo que siempre he procurado retribuirle a Maracaibo”. A.B.