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Ma Andreina y Ana Karina Carruyo, el dulce hogar de las sonrisas

Ma Andreina y Ana Karina Carruyo, el dulce hogar de las sonrisas

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Ma Andreina y Ana Karina Carruyo, el dulce hogar de las sonrisas

Perfiles

1 julio, 2008
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DONDYK+RIGA

Las hermanas Ana Karina y María Andreína Carruyo se rehusaron a perder contacto con su infancia y a través de su negocio compartencon los más pequeños los mejores momentos de la niñez desde La Casita de Chocolate. Son abogadas de profesión y organizadoras de fiestas para niños por decisión, y a su alrededor se conglomera una familia que ayuda con las labores que exige hacer realidad un lugar salido de un cuento de hadas: “Tenemos hijos pequeños y organizamos muchas fiestas para ellos, pero llegó un punto en que no sabíamos en qué sitio celebrarlo. Pasábamos meses programando el cumpleaños de nuestros hijos, y nos dimos cuenta de que eso era un buen negocio. Como tener un negocio propio estaba en los planes, La Casita de Chocolate fue la oportunidad perfecta”.

En este paraíso infantil Ana Karina y María Andreína se alejan de la frialdad de los videojuegos para acoger a sus invitados con actividades caseras, como patinar, cocinar, disfrazarse de princesas y bomberos o jugar con títeres, dando rienda a la imaginación de niños y padres. Elegir el sitio ideal para su negocio fue tarea ardua; finalmente en el corazón de la ciudad hallaron una casa de doscientos años, al estilo de las antiguas villas alemanas: “Al ver la fachada de la casa mi mamá enseguida la bautizó: ‘Esta es la casita de chocolate’, sin saber que con eso nos estaba definiendo el concepto de nuestro negocio”.

Hoy, cada fiesta celebrada en La Casita de Chocolate es un evento de regocijo para sus anfitrionas. Sin embargo, hay uno en especial que recuerdan con especial cariño: “En diciembre invitamos a un grupo de niños enfermos con cáncer, para que disfrutaran y olvidaran aunque fuera por uno ratico sus problemas. Queremos repetir esta actividad no sólo en Navidad, sino muchas veces al año”. Ana Karina y María Andreína ya llevan un año repartiendo alegría a los más pequeños de la casa con un proyecto de vida que emprenden con naturalidad y con el que desean dejar huella y un grato recuerdo en la infancia de muchos. A.B.