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Andrés Eloy “Loloy” Jiménez, paredes como lienzo

Andrés Eloy “Loloy” Jiménez, paredes como lienzo

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Andrés Eloy “Loloy” Jiménez, paredes como lienzo

Perfiles

1 diciembre, 2008

DONDYK+RIGA

Las calles de Maracaibo se han vestido con su ingenio bajo la firma de Loloy. Lo que comenzó como una simple rebeldía adolescente de rayar la pared de un vecino, evolucionó hasta ser los inicios de un talentoso pintor, quien con sus murales hizo de la urbanización Irama su museo personal en los ochenta. Como arquitecto se le conoce como Andrés Eloy Jiménez, pero como muralista simplemente se reconoce como Loloy, el artista urbano que a sus veintiún años utilizaba cualquier pared blanca de su vecindario como lienzo: “Un amigo de la familia me recomendó canalizar mis actitudes y borrar mi rebeldía con pintura. Así fue como hice entonces mi primer mural: un Quijote. Como vi que a la gente le gustó empecé a hacer más, hasta el punto de tener toda la urbanización pintada. Como dominaba bien la perspectiva en la arquitectura, siempre la aproveché en mis murales. Dentro de la facultad eso me dio renombre y hasta le hacía las perspectivas a mis compañeros y a gente que iba más adelantada que yo. Se formaban cada noche, afuera de mi casa, colas de estudiantes que me las pagaban”. Sus murales inspirados en paisajes, casas coloniales y réplicas de obras famosas, que observó durante sus viajes a Europa, han estado a la vista y en la memoria de todos, como aquella réplica del Dios de la Capilla Sixtina que pintó en el corredor de la avenida El Milagro: “Los murales tienen que impactar rápido, porque nadie se para en la mitad de la calle para observar arte. Las paredes son el periódico del pueblo, así que a través de ellas me comunico. Siempre me inspiro en cosas positivas. Me robo frases de alguna cadena de correos, las cazo de una película o de algún libro y las escribo en la libreta que tengo en mi mesa de noche. Cada pensamiento que me gusta lo voy guardando, para luego hacer de él un mural”. Así pasó con una frase de El Alquimista de Paulo Coehlo, que lo enamoró y hoy está plasmada en su pared favorita, una curva cerca de su residencia en Irama. “Tengo una muraloteca de todas las fotos que tengo de lo que he hecho, porque muchas veces borran mis murales, pero esa pared es sagrada”. En un viaje a México observó cómo la mayoría de sus paredes eran murales con mensajes y decidió hacer lo mismo con su tierra natal: “Se lo planteé a las autoridades pasando cartas a todos. Desde Carmelo Contreras hasta Gian Carlo Di Martino, quien finalmente me contrató. Desde ese momento Maracaibo es mi museo y mi único trabajo es hacerla más bella”. A.B.