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Orlando Obispo y Carmela Vivenzio, perfumes con aroma de sueño

Orlando Obispo y Carmela Vivenzio, perfumes con aroma de sueño

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Orlando Obispo y Carmela Vivenzio, perfumes con aroma de sueño

Perfiles

1 octubre, 2007

GONZÁLEZ,Dixon

Un sueño es algo tan etéreo como el aroma que se impregna en la memoria. Para Orlando Obispo y Carmela Vivenzio, fundadores de Donatella Perfumes, su sueño tiene el aroma de mil fragancias concentradas en su tienda. Ambos se conocieron en Miami hace más de una década, trabajando en el área de la publicidad. Orlando, nacido en Bejuma y emigrado a Miami junto a su familia a principios de los noventa, apostó con vocación y éxito al comercio como forma de vida: “Este país nos ha brindado grandes oportunidades y si eres una persona luchadora logras todas tus metas”. La historia de Carmela es un poco más improvisada pues, durante unas vacaciones en 1995, vio en esa ciudad una buena carrera en su profesión de periodista. Juntos, Orlando y Carmela emprendieron el bello proyecto de formar una familia, y uno más ambicioso: dedicarse al comercio entre la ciudad de Miami y Venezuela.

Luego de un periodo exportando cosméticos, accesorios y perfumes, excedió su capacidad ante la gran cantidad de clientes que encontraban en su servicio más allá de calidad, un negocio propio. En 1999 inauguraron la sede de Donatella Perfumes en Miami, como un enclave de marcas importadas desde Europa, enfocadas en la perfumería y cosmética, estrictamente seleccionadas por ellos para satisfacer la demanda no sólo venezolana, sino expandida hacia Brasil y Centroamérica: “Hay clientes que llegan desorientados y nosotros los asesoramos. Incluso si no compran nada, les damos la información que necesitan”. Para ellos, que alcanzaron un sueño, es un orgullo recibir visitantes que albergan la esperanza de la prosperidad, en base a una atención que va desde la selección del producto hasta el envío. Orlando y Carmela conocen el gusto de cada mercado, mayor o detal, garantizando su asesoría. Y aunque atesoran la idea de regresar a Venezuela, su intensa ocupación los mantiene soñando despiertos en la que es su realidad: “Comenzamos sólo mi esposa y yo y hoy tenemos más de veinte empleados. Aquí crecimos y surgimos”. E.R.