Club del Comercio: Símbolo de la vida social en Maracaibo

Maracaibo, año de 1890: casi como un ritual en cada ocaso, los comerciantes se reunían a conversar sobre las ventas del día. Se daban cita los dueños de las principales casas comerciales de la ciudad. Debido a la exclusividad de esta pequeña sociedad, el pueblo de Maracaibo decidió bautizar la alegre y sosegada peña como Club del Comercio.

Por Ronald González

Imágenes tomadas del libro Historia del Club Comercio de Maracaibo, de José López de Sagrado. Tomo I. Editorial La Paz. Maracaibo, 1943.

 

La ciudad donde nació el Club del Comercio

Relata Alirio Molina, ex presidente del club, que Maracaibo era una ciudad de casas bajas, puertas macizas, patios con flores, matas de Guásimo y también Aljibes, con calles de arena y algunas desigualmente empedradas, de aceras angostas y vendedores de agua con burros. Era una ciudad sin ruidos, y cuando los había se convertían en canciones al pasar por el alma popular; una suave brisa nacía en las riberas del Coquivacoa, el límpido lago con sus barquitos de velas y los danzantes cayucos.

 

Era la ciudad de las serenatas, continúa, de los bailes de fami-lia, de los rondadores de mujeres bellas, de la cuna de la cultura americana, del comercio del café y de las nacientes industrias. El general Pedro Arismendi Brito escribió en un prólogo sobre poesía lírica venezolana que “pocos hay que se bañen en las aguas del Lago Coquivacoa desde la infancia, y a los veinte años no sean excelentes poetas. Así únicamente puedo comprender, cómo la sola ciudad de Maracaibo haya producido en el final del siglo XIX más escritores y poetas que el resto de la República”.

 

Relata Kurt Nagel von Jess, que “los alemanes fueron los únicos que se aposentaron en esas orillas, a la vera de Los Haticos y El Milagro, buscando alejarse del bullicio citadino y de las epidemias que diezmaban la población, así como conseguir el frescor de las riberas y la salubridad ambiental para sus mujeres e hijos, y la posibilidad de contemplar continuamente aquel bello paisaje y mantener el contacto directo con la exuberante naturaleza que los mantenía absortos y les era tan necesario”.

Primera sede: frente a la casa Beckman

El primer Club del Comercio fue construido en madera en forma de círculo y se internaba en las aguas del lago, unido a la orilla mediante un pequeño puente. Estaba cerca de la casa Blohm y frente a la casa Beckman, en lo que se conocía como la avenida de la Industria. Su nombre era “La Nevería”, y su pro-pietario era Ángel María Araujo, un miembro del alto comercio de la ciudad. A finales de 1890, se propuso constituir un auténtico club social, con estatutos y un local mucho más amplio; el propulsor más entusiasta de la idea fue el señor Eduardo von Jess, socio y gerente de la casa comercial Breuer Moller.

 

Segunda sede: edificio Boulton

En marzo de 1891 cincuenta comerciantes constituyeron el Club del Comercio. Se alquiló por cuatrocientos bolívares una casa del general Rafael Pulgar, hermano del menos desconocido general Venancio Pulgar, ubicada en la intersección de las calles Aurora y Bustamante, donde actualmente se alza el edificio Boulton. El fondo de la casa estaba a orillas del lago, con una encantadora playa, donde se podría construir un muelle en el cual pudieran atracar lanchas, vehículo habitual en aquellos tiempos, ya que las vías de comunicación por tierra eran difíciles y escasas. Así, el 2 de diciembre de 1891 hubo una gran fiesta, que daba inicio a la historia del Club del Comercio de Maracaibo.

Tercera sede: Breuer Moller y Cía

En 1897 el club debe mudarse a los altos del almacén de víveres de los señores Breuer Moller y Cía, en la Plaza Baralt. En 1904, durante la presidencia del señor Alfonso Dubuc, se efectuó una innovación en el servicio eléctrico del club, sustituyó la araña de treinta bujías que majestuosamente alumbraba la sala de recepciones, por una moderna luz incandescente. La araña fue donada y colocada en la capilla de Lazareto de la isla de Providencia. Concluye la primera etapa en la vida del club, como la de una corporación de tipo hermético, reservado a un grupo de comerciantes e industriales, iniciándose una segunda etapa de puertas semi abiertas, durante la cual no existiría otra limitación para ser socio que la obligada necesidad de poseer cualidades de decencia y moralidad. Ese mismo año, la junta directiva presidida por el señor Manuel A. Belloso, creó las fiestas infantiles, realizadas el día de Navidad, integrando a toda la familia en el seno del club. En la fiesta aniversaria del 3 de diciembre de 1921, se tocó por primera vez el vals Club del Comercio, compuesto especialmente por el profesor Cayetano Martucci.

 

La cuarta sede

Transcurre 1929, y se estudió trasladar el club a la casa del señor Gregorio París, situada en la calle Comercio, con fachada y puerta a la avenida Libertador; una casa que reunía para aquel entonces condiciones idóneas. Esta nueva sede fue inaugurada con un sarao de gala el 28 de noviembre de 1930.

 

La quinta sede

La crisis económica del centro es muy fuerte, se trata por todos los medios de atraer a los socios para que concurran a los salones, y la fiesta aniversaria es celebrada con inusitada sencillez. Ante el decaimiento del club, Carlos Julio D’Empaire y Mario Belloso marcharon a las afueras de la ciudad en búsqueda de un nuevo local para el Club del Comercio, con terreno suficientemente grande para instalar canchas de tenis, boliche y otras disciplinas más. El resultado de su esfuerzo fue el hallazgo de una casa en la avenida Bella Vista, conocida con el nombre de Los Chaguaramos. Se inaugura la nueva sede con un gran baile de gala el primero de agosto de 1936. De inmediato son insta-ladas en los jardines posteriores dos canchas de boliche, un campo de juego para niños, y luego una cancha de tenis. El club sería a partir de ese momento el sitio más utilizado, tanto por el gobierno local como por las instituciones científicas, políticas y comerciales, para realizar sus actos más importantes. Había entrado definitivamente en la tercera etapa de su vida: su consolidación.

 

Relato de Carlos Firnhaber Minlos

Escribe Firhaber Minlos en 1977 que cuando por 1890, el lago aún llegaba con sus playas arenosas hasta cubrir lo que es hoy una de las principales avenidas de Maracaibo, la avenida Libertador, existía un pequeño botiquín que mediante un puente unía la tierra firme con una casita de pisos de madera, situada sobre las mismas aguas. Este botiquín montado sobre el lago era propiedad de Don Ángel María Araujo, tenía por nombre La Nevería, y se hallaba frente a la casa conocida con el nombre de Blohm & Co. que para esa fecha ya estaba construida tal y como es vista actualmente, y que para ese entonces era asiento de uno de los más importantes factores del comercio alemán en Maracaibo.

 

Hoy el Club de Comercio, sitio de tertulias de comerciantes crio-llos, alemanes e italianos, está convertido en un centro con trescientos miembros titulares, quienes juntos a sus familias disfrutan de su cultura centenaria, sus salones, discoteca, piscinas, que lo asientan en nuestra ciudad como un símbolo de su vida social.

 

Fuentes:

Para la Historia de Maracaibo de Orlando Arrieta.

El Club del Comercio… símbolo y perseverancia de Alirio Molina. Artículo publicado en junio de 1991 en el diario Panorama.

El Comercio de Maracaibo de José María Rivas.

Diccionario General del Zulia de Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Parra.

Ensayo de la arquitecta Elisa Quijano, publicado en El Lago de Maracaibo en la Historia Nacional, que se titula Maracaibo: De la ciudad comercial a la ciudad petrolera.

Cita de Kurt Nagel von Jess aparecida en el suplemento infantil del diario Panorama Pitoquito el 10 de octubre de 2004.

Bendita Tierra de Carlos Firnhaber Minlos

Guión del cortometraje Piragua del Sur de Ricardo Ball.