Luces sobre Broadway

Por: María Romero

La ciudad de Nueva York está subdividida en cinco sectores incorpo-rados, siendo Manhattan el más popular de ellos. Isla de unas cator-ce millas de largo y dos de ancho, Manhattan está entrecruzada por calles numeradas de este a oeste, y avenidas que se extienden de norte a sur. Con notable excepción a esta organización cuadriculada, la avenida Broadway se extiende diagonalmente de sureste a nor-oeste, atravesando la séptima avenida en la calle 43, formando así una plaza que, copada de luces y anuncios publicitarios, se extiende hasta la calle 47 y recibe el nombre de Times Square.
En las calles alternas a Times Square existen alrededor de unos trein-ta teatros, construidos en su mayoría durante el primer cuarto del siglo XX. De distribución convencional por niveles y con capacidad para unas 1.200 personas, estas estructuras hospedan lo que por mi-tad de siglo se consideraría como el único movimiento teatral nor-teamericano.
Por más de cincuenta años, el teatro fuera de Nueva York, más espe-cíficamente el teatro fuera de aquella milla cuadrada en Manhattan, consistía esencialmente en grupos de principiantes, estudiantes, o en algunas compañías itinerantes que se dedicaban a reproducir o-bras que ya habían sido exitosas en Broadway y a buscar escenarios para el estreno no oficial de obras que dependiendo de su éxito se-rían o no presentadas posteriormente en Broadway.
Para todo profesional, estudiante, o espectador del teatro, es de in-dudable importancia la influencia de Broadway en la escena teatral mundial. Sin embargo, esta extrema centralización con respecto al término “teatro norteamericano”, y que lo ha llevado a ser represen-tado por un exclusivo grupo de artistas que conforman el exitoso y elitesco “teatro de Broadway”, obedece a un fenómeno relativamen-te reciente en los anales de este arte.
Para la segunda mitad del siglo XIX, Nueva York se consolidaba como una de las principales capitales comerciales de Norteamérica, hecho que propició la creación de monopolios, además de la presencia de grandes inversionistas dispuestos a aportar enormes capitales en lo que sería uno de los principales negocios del siguiente siglo: la industria del espectáculo y del entretenimiento.
Consecuente con la concentración de la actividad teatral en Nueva York, especialmente en los últimos cincuenta años del siglo XX, Nor-teamérica desarrolló una identidad teatral que de otro modo nunca hubiese obtenido. Quizás, considerado como una consecuencia de un accidente histórico, Broadway se consolidó como una de las principales capitales teatrales del mundo, aportando un nuevo gé-nero a la escena teatral como lo es el musical, así como implemen-tando nuevas técnicas en drama y producción.